¡Va por tí, Miriam!
Las ferias del libro no solo son citas de los escritores con sus lectores. En mi opinión, también nos sirven de espejo.
Este año ha sido mi tercera feria, y la primera en Granada. Mi ciudad. Y eso ha marcado una diferencia notable.
En mi ciudad
No es lo mismo firmar lejos, en un lugar de paso, que hacerlo aquí, donde encuentras caras conocidas, recibes el apoyo de tu gente, donde el entorno es familiar y te sientes arropado. Granada no es solo un escenario: es el lugar donde vivo desde hace años y esta feria ha sido, en muchos sentidos, como estar en casa.
He llegado con una novedad, Enredada, un thriller juvenil digital, que está encontrando a sus lectores, sobre todo entre los más jóvenes. y he firmado más libros que otros años.Y eso, aunque una intente mantener la cabeza fría, emociona. Porque escribir es un acto solitario, pero cuando te leen, se produce el verdadero encuentro.
El encuentro con los lectores
A parte de la satisfacción que me produce poder contar esto, si tuviera que quedarme con un solo momento de toda la feria, sería con el encuentro con una niña llamada Miriam.
Vino un día con EnREDada, libro que había comprado la víspera cuando yo no estaba. Volvió expresamente para que se lo dedicara. Ese gesto, que parece pequeño, ya dice mucho. Pero lo verdaderamente inesperado vino después.
Le pregunté si había empezado a leer la novela. Me dijo que no solo la había empezado, sino que ya lo había terminado. Y que la había leído tres veces. Tres.
Algo en esa respuesta me impactó y me desarmó, y creo que más alla de la cifra, fue la intensidad de lo que implicaba. El hambre de leer de una niña de apenas trece años. Quiso llevarse un libro más y escogió Siete días en Onyria. Se lo dediqué. Después de comprarlo, miró el tercero, Lo que esconde el espejo, pero no le alcanzaba el dinero. Se fue.
Y volvió. Una hora más tarde, con el dinero reunido.
Y aún volvió una tercera vez. Para hacerme una pregunta que no todos los lectores hacen, pero que distingue a los que ya están dentro de la literatura de verdad: ¿De dónde salió la idea de Enredada?
Lo que fuimos
Le conté la historia. El origen real. Una experiencia cercana, inquietante, sobre identidades falsas en redes, sobre una amistad que no era lo que parecía, sobre ese territorio ambiguo donde la confianza puede volverse peligro.
Escuchó con atención absoluta. Luego se fue, con sus tres libros en la mochila y con una mirada que no se me va a olvidar. Brillante. Atenta. Hambrienta de historias. Cuando la vi marcharse, entendí algo que quizá ya sabía, pero que a veces se nos olvida: todos hemos sido esa niña.
Yo también lo fui.
Hubo un tiempo en que los libros no eran solo una afición. Eran un refugio, una puerta, un mundo entero. No había distracciones mejores que sus páginas, sus historias. Y este deseo intenso de leer. En los ojos de Miriam me vi a mí misma. Y también vi a todos los niños y niñas que se acercan a una caseta con ese mismo brillo. No compran solo un libro. Compran tiempo, imaginación, identidad. Compran, sin saberlo, una forma de estar en el mundo.
Conclusión
Por eso escribimos. No por las ventas, ni por la fama, ni por satisfacer nuestro ego. Por lo menos yo. Escribimos por momentos como ese, por lectores como Miriam.
Por esto te dedico esta reflexión, Miriam, para que no pierdas nunca esa manera de leer. Para que sigas volviendo. Y para que un día también escribas. Ojalá. Y aunque sé que este artículo, no lo vas a leer, porque afortunadamente, eres demasiado joven para redes sociales…
¡Va por ti, Miriam!


