Contar historias
¿TE GUSTA ESCRIBIR?

Hablemos de arte

Vivimos en una época curiosa en la que todo el mundo habla de su «arte».

Los cantantes, los músicos, los escritores, los actores y hasta los creadores de contenido hablan de su «arte». Y quizá sea una impresión personal, pero a mí esa palabra, cuando la pronuncia uno mismo, me produce cierto pudor.

¿Debería autoproclamarse el artista?

En mi opinión, no. Siempre he pensado que el arte no debería autoproclamarse. Deberían nombrarlo los demás, si acaso. Yo nunca me presentaría diciendo que soy una artista. Ni siquiera me sale pensarlo. No es por modestia, sino porque no me gustan las etiquetas y esta, en particular, no me representa.

Soy escritora

Digo que soy escritora porque escribo libros. Eso es un hecho. Pero, en el fondo, la definición que más se parece a mí es otra mucho más sencilla: soy una persona a la que le gusta contar historias.

Historias que intentan emocionar.
Historias que pretenden acompañar.
Historias que desean llegar a las emociones.

Contar historias…¿me hace especial?

No, es más, creo que contar historias no es algo excepcional. El ser humano lo ha hecho siempre. Lo hacemos alrededor de una mesa, en una conversación, cuando recordamos a alguien que ya no está o cuando intentamos explicar quiénes somos. La diferencia, quizá, está en lo que uno quiere dejar dentro de esas historias.

El porqué de escribir

En mi caso, nunca me ha interesado escribir solo para entretener. Y no porque el entretenimiento sea algo menor, al contrario, es importante y difícil, sino porque necesito que haya algo más.

Especialmente en la literatura infantil y juvenil, donde siempre intento que haya luz.
Que el lector joven encuentre personajes que le ayuden a entender el miedo, la diferencia, la amistad, la pérdida o la esperanza. Que cierre el libro sintiendo que algo dentro de él ha cambiado, aunque sea solo un poco.

Y en la literatura para adultos, me atraen las historias que permanecen después de la última página. Las historias que hablan de memoria, de heridas, de secretos familiares, de culpas heredadas, de silencios que atraviesan generaciones. No me interesan tanto las historias perfectas como las historias verdaderas. Las que dejan eco. Las que hacen reflexionar.

Arte o sentido

Nunca he sentido la necesidad de definirme como artista. Porque la palabra importante para mí no es “arte”. Es “sentido”. Escribir, al menos como yo lo entiendo, no consiste únicamente en publicar libros. Consiste en construir puentes, tender una mano invisible. En decirle a alguien: “Yo también he sentido esto”. Consiste en iluminar algunas facetas de la experiencia humana para que otro pueda reconocerse en ella.

Porque, al final, todos creemos que nuestras alegrías, nuestros miedos o nuestras heridas son únicos. Y, sin embargo, basta encontrar una página, una frase o un personaje para descubrir que alguien, en otro lugar y en otro tiempo, sintió algo parecido. Ahí ocurre algo extraordinario: dejamos de estar completamente solos.

Quizá por eso los libros permanecen. No porque tengan todas las respuestas, sino porque nos ayudan a formular las preguntas. Nos acompañan en momentos difíciles, nos obligan a mirar aquello que preferiríamos evitar y, a veces, nos ofrecen una pequeña luz cuando más la necesitamos.

Y si alguna vez mis historias consiguen eso —acompañar, conmover, ayudar a recordar o hacer sentir menos solo a alguien— entonces ya habrán cumplido su propósito. Porque una historia no se mide únicamente por los ejemplares que vende ni por los premios que recibe. Se mide también por las huellas invisibles que deja en quienes la leen.

Conclusión

En conclusión, Y si alguna vez mis historias consiguen eso, acompañar, conmover, ayudar a recordar o hacer sentir menos solo a alguien, entonces ya habrán cumplido su propósito.

Lo demás son etiquetas. Y las etiquetas pasan. Las historias también pasan, en cierto modo. Los libros se cierran, las modas cambian y las novedades son sustituidas por otras novedades. Pero de vez en cuando una historia encuentra un lugar dentro de alguien y se queda allí. A veces durante años. A veces para siempre.

Y quizá esa sea la mayor aspiración a la que puede aspirar quien escribe: no a que le llamen artista, sino a dejar una pequeña luz encendida en la memoria de un lector. No una luz deslumbrante, ni una luz que reclame atención. Simplemente un destello que se recuerda y que te acompaña durante un trecho del camino. Si una sola de mis historias consigue hacer eso, todo el tiempo dedicado a escribir habrá merecido la pena.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Michèle Rodriguez Pastor.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad