Lo que revelan las tragedias
Se suele decir que las tragedias sacan lo mejor de las personas, pero que son capaces de revelar también lo peor de nuestra sociedad. Lo hemos comprobado durante esta semana en Valencia donde hemos visto la Dana (Depresión Aislada en Niveles Altos)arrasar con pueblos enteros, cobrándose muchas víctimas y sumiendo a la gente en la más profunda desesperación. Hemos visto en la tragedia lo mejor y lo peor del ser humano.
Una semana después
Ha pasado una semana después del inicio de las inundaciones que han asolado pueblos de la provincia de Valencia. En estos días hemos pasado del estupor a la consternación, del llanto a la indignación más profunda. Hemos presenciado atónitos la inacción, la incompetencia, la omisión del deber de socorro de las autoridades, la manipulación política de la tragedia, mientras por otra parte hemos admirado la entrega de los voluntarios, y la marea de solidaridad desde todos los puntos de España.
Luces y sombras
Mientras continúa la búsqueda de los desaparecidos que aún no se han contabilizado, la atención a los damnificados, la reparación de infraestructuras y la reposición de los servicios básicos, los voluntarios intentan limpiar calles y viviendas, atender a las víctimas, y demuestran solidaridad. Este es el aspecto más luminoso, admirable, empático que renueva nuestra fe en la bondad de las personas.
En el lado oscuro, se encuentran los que deberían encargarse de hacer frente a esta emergencia nacional pero que prefieren perder el tiempo y echarse la culpa mutuamente. Rehúyen de su responsabilidad, sacando, de paso, un provecho político, en una partida de ajedrez política que Arturo Pérez-Reverte no duda en calificar de criminal en una reciente entrevista.
Presenciamos con desazón el eterno juego de poder de una clase política miserable, que no atiende a unos ciudadanos que utilizan como peones, no asume sus responsabilidades y se desentiende del dolor de las víctimas.
Los carroñeros
Por si no fuera bastante dramático este escenario, cuando cae la noche aparecen los carroñeros que aprovechan la tragedia para robar y saquear no solo comercios, sino también viviendas. Esta es la cara más vil y ruin del ser humano.
También están los «carroñeros» digitales que aprovechan la magnitud del desastre para continuar sus campañas políticas o propagar bulos, demostrando su eterna falta de humanidad y empatía.
¿Qué queda cuando todo falla?
No es la primera vez que comprobamos que cuando surge un problema de gran envergadura, como ocurrió con la pandemia, todo falla. Prima el interés político sobre el social, los intereses partidistas sobre la atención a las víctimas, se reacciona tarde y mal.
La gente pide ayuda a gritos, pero tarda en llegar. Se rechaza la ayuda internacional y la de otras comunidades. No se declara el estado de emergencia nacional. La llegada del ejército, los bomberos y los diferentes cuerpos policiales en las zonas más afectadas por la Dana se produce con una lentitud desesperante.
Es de dominio público que, en caso de grandes catástrofes, las primeras 72 horas son vitales para encontrar supervivientes, y mandar ayuda. La respuesta debe ser inmediata para salvar vidas. En Valencia, tres y cuatro días después no había acudido nadie a socorrer a la población.
El pueblo salva al pueblo
La generosidad de todo un país que se ha volcado en ayudar a sus compatriotas ha sido la luz en medio de tanta adversidad. Las iniciativas particulares han recogido fondos, alimentos, ropa y artículos de primera necesidad, demostrando de lo que somos capaces cuando todos nos unimos. Mientras los políticos miraban para otro lado amparándose en la terrible frase si necesitan algo que lo pidan, la buena gente se ha volcado demostrando que el ser humano es capaz de lo mejor cuando es necesario.
Los jóvenes
Los jóvenes nos han sorprendido gratamente. Sí, estos chicos que han crecido demasiado protegidos por sus padres, que no han sufrido ni han desarrollado herramientas para prepararse a escenarios dramáticos, estos que parecen una generación de cristal han dado la sorpresa. Han sido los primeros en lanzarse, con la fuerza y el altruismo de su juventud a ayudar a las víctimas, demostrando que aunque no habían aprendido a ser resilientes, han estado a la altura.
Consecuencias
La DANA que arrasó Valencia y sus alrededores el pasado 29 de octubre, dejando un rastro de muerte y desolación, ha sumido no solo a toda la región sino también a todo el país en estado de shock. Más de 200 víctimas, daños incalculables y dolor, mucho dolor.
Los afectados tardarán semanas y tal vez meses en volver a la normalidad; con el tiempo, recuperarán sus viviendas, negocios, y sus vidas pero el dolor deja cicatrices que permanecen en el alma y no se van.
Si añadimos al natural proceso de duelo la culpa del superviviente, y la sensación de que se podría haber hecho algo más, se hace evidente que les va a ser difícil aceptar los hechos y superarlos.
Conclusión
A pesar del acompañamiento psicológico que puede ayudar a los damnificados, tendrán que aprender a gestionar el miedo, la ansiedad, el stress y todas las emociones derivadas del trauma que sufrieron.
Es evidente que la ayuda de la comunidad y el respaldo de las instituciones son cruciales en el proceso, para recuperar una sensación de seguridad y estabilidad. Las víctimas necesitan ser escuchadas, saber que su dolor no es invisible. Necesitan terapias, recursos y acompañamiento para conseguir salir adelante.
Tengo serias dudas de que el gobierno y los políticos sepan rectificar y corregir su miserable actuación frente a esta terrible tragedia, y que no abandonarán una vez más a los damnificados a su suerte.
Creo que todos deberíamos entender que para ellos, no somos más que votantes cuando se acercan las elecciones y que no merecen nuestra confianza. Yo prefiero depositarla en las personas, la gente que ha demostrado en estos días oscuros que en cada ser humano hay empatía, altruismo, grandeza y generosidad.


