Perro atado a una carreta tirada por un caballo
Desarrollo Personal,  Estoicismo,  Resiliencia

La carreta de Zénon

En ocasiones, sentimos que la vida nos arrastra, como si, en vez de escoger nuestro rumbo, nos vieramos obligados a ir en una dirección que no hemos escogido. Intentamos resistirnos, pero todo es inútil. Solo tenemos dos opciones: sufrir y luchar, sabiendo que al final, perderemos, o intentar ser flexible, sacando el mejor partido de la situación.

Hay una metáfora estoica que ilustra muy bien esta situación y de la cual os quiero hablar hoy: es la de la carreta de Zénon.

¿Quién era Zénon?

Zenón de Citio (S. IV a.c.) fue comerciante hasta los 45 años, y se decantó por la filosofía tras perder la mayor parte de su fortuna en un naufragio. A raíz de este percance, fundó la escuela de filosofía en Atenas.

Tuve un viaje muy próspero gracias a sufrir un naufragio.

Zenón de Citio.

Estoicismo ¿En qué consiste?

Esta filosofía busca aportar herramientas para luchar contra la adversidad y alcanzar como fin último, la eudaimonia, traducida generalmente como felicidad. Uno de los grandes principios del estoicismo es que debemos aceptar la realidad sin intentar cambiarla, asumir que no podemos controlarlo todo, pero que sí podemos elegir nuestra forma de enfrentarnos a la adversidad.

Amor Fati

Esta aceptación de nuestras circunstancias es el Amor Fati. Significa algo como amar al destino o mejor aún: abrazar la adversidad. No podemos cambiar lo que ocurre, pero sí  podemos decidir cómo lo percibimos. Comprender el concepto es fácil, pero ponerlo en práctica es otra cosa. Porque la vida es dura, y muchas veces injusta y nos golpea cuando menos lo esperamos.  

La metáfora de la carreta

Nos cuenta la historia de un perro atado a una carreta, con una cuerda que es suficientemente larga para permitirle moverse con comodidad. Cuando la carreta se pone en marcha, el perro puede resistirse, luchar para intentar no avanzar, o puede andar, aprovechando la longitud de la cuerda para disfrutar e investigar los alrededores durante el camino.

Decida lo que decida, tendrá que ir a donde lo lleve la carreta, no tiene escapatoria. Si se resiste, sufrirá al verse arrastrado, pero si opta por aceptar pasear junto a ella, su viaje será mas placentero.

¿La metáfora nos aconseja la resignación?

De ninguna de las maneras, solo ilustra el principio de la dicotomía del control. Según cuenta Epicteto en su «Manual de Vida», La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras no.»

 Por lo tanto, no se trata de resignación, sino de aceptación. La metáfora no sugiere adoptar una actitud pasiva en la vida, sino que recomienda elegir en qué batallas merece la pena combatir. Es inútil y contraproducente rebelarnos y luchar contra lo inevitable ya que solo nos desgasta y nos produce frustración.

¿Cómo sacar partido de nuestras circunstancias?

En psicología conductual, una de las técnicas utilizada con mayor éxito es la reestructuración cognitiva, cuyo objeto es fijarnos en nuestras creencias y patrones de pensamiento. Las creencias alteran nuestra percepción de la realidad, como unas gafas de colores, que pueden teñir tu existencia de rosa, gris o negro. Reconocer y modificar nuestras distorsiones cognitivas puede ser muy útil para reestructurar nuestra percepción.

El razonamiento emocional, la visión catastrófica, pensar en blanco y negro o generalizar, practicar la lectura del pensamiento o adivinar el futuro, son creencias o pensamientos irracionales que nos traen problemas y causan sufrimientos psicológicos muy reales. Funcionan como un círculo vicioso que nos atrapa: Empieza con el pensamiento, pasa a ser un sentimiento, se convierte en una sensación y por fin deriva en una conducta.

Reconocerlos y erradicarlos puede ayudarnos a sustituír creencias disfuncionales por otras que nos ayudarán a gestionar nuestras emociones y a mejor nuestra calidad de vida.

Conclusión

Practicar el amor fati, abrazar la adversidad, es, en mi opinión, la única forma de lograr surfear las grandes olas de la vida y evitar que te revuelquen y te rompan. Si conseguimos  fluir con la corriente, si aceptamos nuestro destino intentando sacar lo mejor de nuestras circunstancias, nos haremos resilientes, nos convertiremos en seres más fuertes, capaces de sacar un aprendizaje de cada dificultad, de disfrutar de nuestra vida madurando con cada obstáculo superado y de seguir siendo fiel a nuestro Ikigai.

Como dice Seneca, el destino guía a quien lo acepta y arrastra a quién lo rechaza.

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