¿Está la masculinidad en crisis?
Desarrollo Personal

¿Está la masculinidad en crisis?

En coherencia con mí artículo La voz discordante, quiero expresar una opinión que sé que provocará debate y seguramente estará mal interpretada, pero que considero necesaria.

Hoy quiero romper una lanza a favor de los hombres y hablar de la crisis de la masculinidad, a sabiendas de que el mero hecho de pronunciar esta palabra provocará rechazo en la mayoría de las personas.

Lo hago, consciente de que no está bien visto reflexionar sobre la masculinidad y los valores masculinos, cuando el debate público solo se centra en el empoderamiento de la mujer, cuando la televisión, las redes, el mundo de la «cultura» y los medios de comunicación reflejan y favorecen solo las posturas feministas.

El empoderamiento de las mujeres

Las mujeres, tras siglos de lucha, están logrando situarse en el lugar que legítimamente les corresponde, en igualdad, dignidad y derechos, pero las partidarias del feminismo no parecen conformarse con lo que han obtenido y siguen reclamando avances a gritos, militando para cambiar la sociedad a su favor.

Las mujeres: un retrato y discurso nuevo

Los cambios propiciados por el feminismo radical han modificado por completo el paisaje social, dejándolo irreconocible, y creando cierta confusión sobre los nuevos roles de género. Los anuncios han dejado de asociar las mujeres a las tareas de la casa y solo muestran hombres fregando, cocinando, planchando, lo que en si no me parece una novedad, ya que muchos llevan años haciéndolo.

Presentan en cambio a una mujer fuerte, independiente, inteligente, mucho más que sus compañeros varones, que definen como «básicos» , utilizando un adjetivo tan despectivo como revelador, y a quienes pintan apocados, sin capacidad resolutiva y de una dudosa utilidad.

¿Se está manipulando la opinión?

En el cine, en la prensa, en las redes, las mujeres se alzan como guerreras y adoptan un discurso enérgico, rozando muchas veces la agresividad, mientras que los hombres quedan relegados a un segundo lugar en la sombra, donde no queda muy claro su rol.

Cualquier manifestación de masculinidad se considera tóxica y se condena de forma unánime. La masculinidad está mal vista, los hombres están mal considerados por el mero hecho de ser hombres y me parece un error colosal así como una forma de manipulación.

¿Dónde están los hombres?

Los hombres están ausentes, callados y parecen estar desubicados. Según confirman los informes y las estadísticas, los varones se han convertido en el nuevo «sexo débil». A pesar de que siguen presentes en una sociedad que aún dominan, de que ostentan puestos de alto nivel en las empresas, sufren una importante crisis de identidad que no se atreven a expresar.

Políticas de género y educación

Las transformaciones en la educación de los niños son notables, y se les empieza a educar desde la más tierna edad para erradicar su identidad masculina, lo que en mi opinión tiene implicaciones graves.

Desde que empiezan a tener consciencia de si mismos, se enseña a los niños varones que expresar la masculinidad es nocivo para el desarrollo personal, inculcando como prioritarias pautas de comportamiento, habilidades y preferencias femeninas, como ideales para el bienestar en el entorno escolar.

No se valoran sus preferencias, ni sus intereses, no se toleran las muestras de un comportamiento natural en su género. Sus características masculinas no son comprendidas ni respetadas, no se toleran su impulsividad, su pasión por el riesgo, los deportes y los desafíos. Se intenta fomentar su feminización o lo que es aún peor «adaptar» su masculinidad.

Los arquetipos de Jung

Jung explicaba que más allá de los roles, está la psique y, por su naturaleza intrínseca, abarca tanto lo femenino como lo masculino. Así pues, con independencia del género de la persona, considera que es andrógina. Por androginia, Jung se refiere a la presencia de cualidades masculinas y femeninas en cada ser, y a su capacidad para desarrollar ambos potenciales.

Contrasexualidad

Según afirmaba Jung en sus trabajos, la psique compensa esta androginia, desarrollando una «contra sexualidad» en la vida interior de cada persona.

Así, las mujeres tienen una contra sexualidad que es de naturaleza masculina y que se llama el Animus. Está asociado al desarrollo de las cualidades masculinas en las mujeres y gobierna su función de pensamiento racional.

Los hombres tienen una contra sexualidad que es de naturaleza femenina y que se llama el Anima. Es la parte femenina que existe en cada hombre, por lo general reprimida, y que gobierna su función de sentimiento irracional.

Individuos carentes de contrasexualidad

El ambiente social y educativo actual está generando unos individuos carentes de la también favorable dimensión opuesta. Los niños varones, por no lograr canalizar sus tendencias masculinas naturales, desarrollan problemas de conducta, depresiones, consumo de drogas en los casos más extremos, hiperactividad, etc.

La masculinización de las mujeres y la feminización de los hombres está creando individuos incompletos, que no logran la integración de todas las partes de la psique, armonizando los opuestos masculino y femenino, consciente e inconsciente, racional e irracional.

Masculinidad tóxica

Cada vez es más fácil encontrarse con esta pareja de conceptos, como si el hecho de ser hombre fuera malo en sí, como si la masculinidad fuera inherentemente tóxica. Según la corriente actual hay que desconstruír la masculinidad hegemónica, y construir nuevas masculinidades para llegar a experimentar una igualdad en derechos entre hombres y mujeres.

¿Funcionan estos intentos?

En mi opinión la política de género está aportando unos resultados nefastos: la violencia contra las mujeres en vez de disminuir aumenta, se ha instalado un clima de guerra permanente entre sexos, los niños sufren confusión y carecen de modelos masculinos de referencia, y existe una gran incertidumbre en cuanto a roles en la sociedad y en las familias.

Un equilibrio necesario

No hemos encontrado la solución, por mucho que todos clamen a favor de la creación de nuevas masculinidades a medida, no hemos encontrado el equilibrio. Solo estamos invirtiendo los roles tradicionales para sustituirlos por otros que no son mejores.

En mi opinión, es necesario construir una sociedad mejor, más integrada, equilibrada y plena desde la aceptación y el respeto de las diversidades entre sexos, abrazando nuestra feminidad y masculinidad pero también la contrasexualidad que nos es tan necesaria para convertirnos en individuos sanos, completos y felices.

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