Síndrome post-vacacional: cuando la realidad duele
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Síndrome post-vacacional: cuando volver a la realidad duele

Hola a todos, espero que hayáis disfrutado de vuestras vacaciones y sobre todo, aprovechado para recargar pilas. Ya estamos a siete de septiembre y, aunque nos sepa mal, toca volver a la rutina diaria. ¡No nos queda otra!
Para todos, el momento de la vuelta a casa es agridulce y es normal que nos cueste. Es el llamado síndrome post-vacacional que experimentamos cuando volver a la realidad duele. A nadie le apetece dejar atrás el sol, la naturaleza o las playas, y sobre todo el descanso, la diversión y la libertad de hacer lo que queremos con nuestro tiempo. Afortunadamente, después de unos días, los síntomas suelen remitir y podemos reanudar nuestra vida habitual.

¿Qué ocurre si los síntomas persisten?

Que la melancolía y la tristeza duren unos días es normal, lo que no lo es tanto, es que haya personas que pasen por lo que se suele llamar el síndrome post-vacacional y llegan a experimentar una auténtica depresión.

Pero ¿en qué consiste? Se podría definir como la dificultad de readaptación a la rutina diaria, a las responsabilidades y los horarios después de un periodo vacacional; generalmente acompañado de sentimientos de melancolía e irritabilidad y puede afectar a varias áreas de nuestra vida como el trabajo, el hogar, las relaciones, etc.

Síntomas

Los principales síntomas son un estado de ánimo bajo, cierta apatía, incluso irritabilidad, pero no son los únicos; pueden aparecer también ansiedad, inquietud, dificultad para concentrarse o conciliar el sueño.

Estas emociones, si se llegan a somatizar se expresarán como cansancio, falta de apetito, incluso náuseas y otros problemas estomacales. No deberían durar más de quince días y llegarán a desaparecer al volver al horario de trabajo y descanso.

Sin embargo, es importante asegurarse de que este malestar no se mantiene en el tiempo, pues podría derivar en estrés, incluso en una depresión leve.

¿Se puede prevenir?

Hay herramientas que pueden ayudarnos a prevenir estas sensaciones desagradables y facilitarnos el regreso a la vida cotidiana.

La primera es procurar no volver al último momento, sino unos días antes para facilitar la adaptación a la rutina y no pasar de golpe del descanso al trabajo.

La segunda es seguir manteniendo actividades lúdicas o recreativas, que nos ayuden a disfrutar fuera del trabajo.

La tercera consiste en realizar algún tipo de actividad física para liberar tensión y estrés.

Y la última es mantener una buena alimentación y un buen descanso para favorecer la energía y el bienestar.

¿Este síndrome post-vacacional puede enmascarar algo?

Si, a pesar de todos nuestros esfuerzos para prevenir y combatir todos los síntomas del llamado síndrome post-vacacional, continúa nuestro malestar y nuestra tristeza, entonces deberíamos contemplar la posibilidad de que tal vez existan motivos más profundos.

Motivos más profundos

Si nos encontramos en esta situación, debemos hacernos unas preguntas inevitables y responderlas con la máxima sinceridad:

¿Vivo la vida que quiero vivir?

¿Estoy dispuesto a seguir en este trabajo durante los próximos años? ¿Tiene sentido?

¿Soy feliz tal como estoy o necesito un cambio?

¿Qué es lo que realmente me gustaría, qué me apasiona, qué actividad me gusta tanto que podría realizarla incluso sin cobrar?

En una palabra: ¿he descubierto mi Ikigai?

Nunca es tarde para rectificar el rumbo

Si una o varias de la respuestas a estas preguntas te indican que necesitas un cambio, si te asalta el temor a salir de tu zona de confort, recuerda que el tiempo es un bien escaso, un tesoro fugaz, probablemente el único tesoro que tenemos, y es limitado. No es posible detenerlo, comprarlo ni recuperarlo, no se puede guardar ni atesorar. Así que es recomendable actuar cuanto antes.

Conclusión

Tal vez valga la pena aprovechar el malestar que te asalta a la vuelta de las vacaciones para plantearte una cuestión importante: la vida no puede ser un infierno insoportable donde te limitas a esperar los quince días o el tiempo de libertad que te toca cada año para disfrutar. Debes conseguir ser razonablemente feliz a diario, ejerciendo una actividad en la que te sientas bien, realizado, satisfecho, para que después de vacaciones, vuelvas a ella con buen humor y ganas.

Incorporando a tu rutina, diversión y deporte de forma regular, cuidando de tu salud y respetando tu tiempo de descanso, conseguirás llevar una vida más saludable y feliz.

2 Comentarios

  • Marina

    Qué buena reflexión… En vez de tapar el malestar, se trata de aprovechar la información que nos está dando y tomar acción. Me ha impactado leer que «el tiempo es probablemente el único tesoro que tenemos, y es limitado. No es posible detenerlo, comprarlo ni recuperarlo, no se puede guardar ni atesorar». Tenemos la responsabilidad de honrar la vida que se nos ha regalado y la libertad de vivirla como nosotros elijamos. Feliz fin de semana 🫶🏽

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