Generación de cristal: la verdad detrás del cliché
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Generación de cristal: la verdad detrás del cliché

La generación de cristal es un término que se utiliza para referirse a los jóvenes nacidos después del año 2000 que se encuentran actualmente en la adolescencia o están alcanzando la mayoría de edad.

No es la primera vez que se bautiza a toda una generación. Primero fueron los baby boomers (1946-1965?, seguidos por la generación X (1972-1980), los milenials (1985-1995), la generación Z (1995-2000).

El término suena peyorativo porque evoca vulnerabilidad y fragilidad, pero ¿cuál es la verdad detrás del cliché?

¿De dónde surgió el término?

Este término fue acuñado por la filósofa Montserrat Nebrera, para designar los hijos de la generación X, que, habiendo vivido épocas de dificultad y carencia, tuvieron que trabajar duro para darles a sus hijos una vida mejor, brindándoles todo lo que ellos no habían podido tener.

¿Por qué llamarlos así?

La palabra cristal evoca su fragilidad, el hecho de que se rompan con facilidad y no resisten los posibles golpes de la vida. Fueron los hijos de la crianza respetuosa, cuyo objetivo era generar más y mejores vínculos entre padres e hijos. Esta nueva educación parece haber generado una sobreprotección y una falta de autoridad paterna, originando unos jóvenes inseguros y frágiles.

¿Quiénes son?

Falta de valores

Una de las características que se les suele atribuir, es la carencia de respeto, alegando que se les ha dejado hacer lo que han querido y no se les ha inculcado valores sólidos en su hogar.

Necesidad de reconocimiento

Junto con una baja autoestima, debido a la presión social y a los estigmas que deben afrontar, tienen una necesidad constante de reconocimiento, debido a su falta de confianza y de seguridad. Necesitan sentirse integrados en su entorno, no soportan ser aislados sin el respaldo y la aprobación del grupo.

Mayor sensibilidad hacia los problemas sociales

Principales características

  • Suelen apoyarse mucho entre sí, no toleran las injusticias, convirtiendo a menudo problemas pequeños en algo grande. Suelen desarrollar una gran inteligencia emocional y sus valores se basan en la amistad, y la justicia.
  • Para ellos todo es efímero, su vida social se basa en las redes sociales.
  • Tienen poca o ninguna tolerancia hacia las críticas.
  • Se frustran con facilidad cuando no consiguen lo que se proponen.
  • Sufren ansiedad, depresión y una gran inestabilidad emocional.
  • Son hábiles con la tecnología desde que nacen, ya que tienen un acceso ilimitado (muchas veces sin control) a las mismas.
  • No se interesan por la cultura, no han leído porque han crecido en la era digital, no se ha fomentado la lectura en su casa o en la escuela.
  • Tienen un estilo de vida que les permite, gracias a sus progenitores, ir a escuelas o universidades privadas, les gusta el lujo, ir de compras y vivir sin preocupación. Son adictos a la tecnología ya que centran su vida en ella.
  • En una época en que las tasas de desempleo son muy elevadas, trabajar para ellos es un reto incluso un desafío.

Herramientas frente a la adversidad

El retrato esbozado de una generación a quién se le ha dado todo, se ha sobreprotegido y que no ha tenido que luchar para nada, nos podría hacer pensar que estos jóvenes carecen de las herramientas necesarias para enfrentarse a la adversidad.

Cierto es que ningún mar en calma hizo experto a un marinero. Los jóvenes que nunca han abandonado su zona de confort no han tenido posibilidad de crecer ni de aprender. La seguridad puede convertirse en nuestro peor enemigo, rechazando los riesgos y por lo tanto la posibilidad de aprender. Las experiencias difíciles nos regalan valiosas lecciones, enseñándonos a superar desafíos, a desarrollar valentía, determinación y resiliencia.

Detrás del cliché

Los estereotipos, solo son ideas preconcebidas o generalizaciones que se aplican a una persona o grupo, pero en mi opinión son un sesgo pues solo reflejan una pequeña parte de la verdad. El término generación de cristal es uno más. Hace poco, hemos podido comprobar durante la catástrofe de la DANA en Valencia, como nuestras creencias sobre los jóvenes se han derrumbado.

Nos han sorprendido gratamente. Sí, estos chicos que han crecido demasiado protegidos por sus padres, que no han sufrido ni han desarrollado herramientas para prepararse a escenarios dramáticos, estos que parecen vulnerables y frágiles han dado la sorpresa. Han sido los primeros en lanzarse, con la fuerza y el altruismo de su juventud a ayudar a las víctimas, demostrando que aunque no habían aprendido a ser resilientes, han estado a la altura.

Se han dejado guiar por sus valores de solidaridad, altruismo y justicia para acudir al rescate de los damnificados, mostrando empatía, sensibilidad y generosidad. Han hecho fallar todas las teorías que afirmaban que no son capaces de luchar o de sacrificarse, a pesar de no haber sido preparados para ello lo han hecho y lo han conseguido. Han demostrado que son capaces de lo mejor.

Una reflexión necesaria

En conclusión, creo que se impone una reflexión. Es cierto que a nuestra mente le encanta ir clasificando momentos, situaciones y personas, para hacerse un esquema del mundo. Con este fin, asignamos adjetivos a todos los que nos rodean, a menudo sin tener la información suficiente. Pero las etiquetas, como el nombre indica, marcan y estigmatizan, por lo que deberíamos replantearnos muy en serio su uso.

Debemos dejar de encasillar a personas y grupos según su género, clase, orientación sexual o política, y también según su generación, para intentar mirar más allá. Los seres humanos son asombrosos, son mucho más de lo que evocan las etiquetas limitantes, son capaces de lo peor pero también de lo mejor. Los jóvenes de la mal llamada generación de cristal, aunque no hayan sido preparados para ello, han sabido hacer frente a la adversidad, han aprendido a luchar, resistir y ganar, demostrando valentía y coraje.

Ya no importa cuan estrecho haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve mi espalda,
Soy el amo de mi destino,
Soy el capitán de mi alma.

Invictus de  William Ernest Henley

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