HIpnocracia: una dictadura sin represión pero tremendamente eficaz
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Hipnocracia: control a través de narraciones hipnóticas

La hipnocracia es un nuevo concepto que nos habla de una nueva forma de dictadura: del control a través de narraciones hipnóticas. Se dio a conocer a raíz de la publicación del libro de Jianwei Xun, Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad. Su autor es un filósofo chino procedente de Hong Kong, relató un ensayo revolucionario que hablaba de control de masas a través de las narraciones hipnóticas de los gobernantes y figuras de poder.

El libro recibió muchas críticas positivas, que elogiaron a su autor como un filósofo brillante. Aunque nadie había oído hablar de él con anterioridad, todos le aplaudieron, calificándolo como enigmático,y misterioso y prestigioso.

Hasta ahí, nada extraño, pero se descubrió algo que nos dejó a todos boquiabiertos: Jianwei Xun no existe, nunca existió, es un mero producto de la inteligencia artificial.

¿De dónde procede?

La idea de este «engaño» fue de un filósofo italiano, Andrea Colamedici.

Construyó a conciencia una performance, un sabotaje cultural, inventando un nombre, un rostro, una obra, con la idea de hacernos creer que era auténtico y funcionó.

El ensayo

El ensayo resultante de la creación de esta falsa identidad Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad. es un libro que habla del sistema en el que vivimos, de una estructura de poder basada no en la represión, ni en el miedo a la autoridad, sino en la distracción constante.

En él, se califica al presidente estadounidense Donald Trump y a Elon Musk como los “sumos sacerdotes” de un nuevo modelo que utiliza la manipulación, la dictadura de las redes, de los seguidores, del like, del algoritmo que nos domina porque nos conoce demasiado bien.

Creemos estar despiertos pero no lo estamos. El poder no opera con represión directa sino a través de la manipulación de la percepción, de la opinión, modulando la conciencia colectiva con sus narraciones hipnóticas.

¿Por qué es tan inquietante?

  • Primero porque nos lleva a dudar de todo lo que vemos, escuchamos, leemos y vivimos. Nos cuelan una noticia sobre un filósofo que nunca existió, le califican de brillante y prestigioso y publican un ensayo en su nombre. La persona no existe, la fotografía es falsa y nunca escribió nada.
  • El segundo motivo de preocupación es que la difusión de esta falsa noticia afecta la confianza, ya menguada del público en la información y la percepción de la realidad.
  • La verdad se desdibuja: la inteligencia artificial puede generar contenido que se difunde sin verificación, y es aceptado como veraz y legítimo. ¿Dónde queda nuestra capacidad para distinguir entre lo real y lo fabricado?

¿Se trata de un caso aislado?

Lamentablemente, no es un caso aislado, la inteligencia artificial ha sido utilizada con anterioridad para manipular la opinión pública. Se ha demostrado en la guerra de Ucrania, donde corrían las noticias falsas para influir en la percepción del conflicto.

Pero más allá del engaño, lo que de verdad es inquietante, es la facilidad con la cual se construyen y se distribuyen teorías falsas que no se verifican, pero sí son capaces de provocar efectos y de influir en la opinión de las masas.

Después de descubrir que Jianwei Xun, y su obra, no son reales y que ambos son productos de la inteligencia artificial, la confianza del público en los medios de comunicación y en la información en general ha quedado muy dañada. Noticias como esta demuestran que la desinformación está prosperando y que este hecho dificulta nuestra capacidad para tomar decisiones.

Falta de sentido crítico

Llevamos años inmersos en narraciones hipnóticas, y hemos perdido hace mucho el sentido crítico, la capacidad de discernir entre lo verdadero y lo políticamente correcto, la veracidad de la información que ha sido a menudo fabricada para satisfacer las necesidades del régimen en el poder.

¿Qué nos sugiere?

No sé cómo os sienta esta noticia a vosotros, a mi me inquieta sobremanera, acentúa mi desconfianza hacia los medios de comunicación subvencionados por los gobiernos, la prensa, y la información en general. Me sugiere la urgente necesidad de desarrollar mecanismos para controlar la veracidad de la información, fomentar el pensamiento crítico y animar a la gente a reaccionar, y no hablo aquí del concepto woke , sino de lograr salir del ensueño, desconectarse de toda la desinformación, abrir los ojos y despertar de una vez.

La triste realidad

La hipnocracia es el verdadero régimen de nuestros tiempos. Este sistema no ha reemplazado a la democracia, sino que la ha corrompido, pudriéndola desde dentro, disfrazándose de verdad mientras vacía su contenido. 

Gobernar hoy no solo consiste en producir ficciones, engaños y mentiras lo suficientemente convincentes para manipular la población. El objetivo va más allá, es que todos sigamos adormecidos, mantener a toda costa el sueño colectivo, el relato hipnótico que garantiza su continuidad y perpetúa su poder.

La gran tarea de nuestro tiempo, entonces, no es resistir una dictadura visible, sino despertar, ver más allá de lo que nos enseñan, dejar de escuchar los cantos de sirena y de participar de una ilusión colectiva. Tomar la pastilla roja para salir de una vez de la matrix.

IA y algoritmos

La inteligencia artificial y los algoritmos contribuyen a profundizar los hechizos. Como oráculos hiper precisos, son capaces de predecir comportamientos, ajustando discursos personalizados y dirigiéndose a cada individuo según sus preferencias, debilidades emocionales y culturales, generando una seducción colectiva e individual.

¿Cómo funciona la hipnocracia?

La hipnocracia se alimenta de una teatralización permanente del poder, donde el líder político se convierte en «performer», mientras los ciudadanos dejan de participar en la vida política de su país para convertirse en meros espectadores presenciando un espectáculo,  una avalancha de estímulos que genera una sensación de participación, aunque en realidad no exista tal cosa. Todos observan, critican o aplauden, se indignan y comentan sus impresiones en redes.

Los medios no informan, sino que se dedican a modelar la opinión pública, decidiendo lo que es importante, lo que no, lo que se transforma en escándalo y lo que cae en el olvido, generando una falsa sensación de participación. Sus semillas caen en un terreno abonado, una ciudadanía hipnotizada, más interesada en el confort individual, en sentir y en experimentar que en la transformación colectiva.

Conclusión

Mientras sigamos aceptando ser víctimas consentidas del encantamiento colectivo, el poder seguirá ejerciéndose sin que exista oposición, sin que nadie lo frene.

Necesitamos reaccionar de forma urgente. Para recuperar la verdad, la capacidad crítica, el deseo y el coraje de mirar más allá de lo que nos muestran en las pantallas, es necesario tomar la pastilla roja: romper el hechizo, darnos cuenta de que todo lo que nos cuentan es mentira y que estamos siendo manipulados de forma permanente. Debemos comprender que vivimos en una democracia simulada donde se nos muestra lo que queremos ver, se refuerzan nuestras creencias y la ilusión de libertad.

Como lo refleja un artículo publicado en infonegocios:

En un poder que no se ejerce desde la ideología, sino desde el diseño, la última forma de dominio es la que opera sin resistencia porque ni siquiera se percibe como dominio.

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