El lado oscuro de la ambición
Dicen que la ambición es el motor de la motivación, la que nos marca el camino y las metas que queremos alcanzar. Si bien es una manera apasionada de proyectar tus deseos y sueños y empujarte hacia ellos, hay que tener presente el lado oscuro de la ambición.
Este fuego interno que arde en tu interior, te motiva a la vez que ilumina tu camino, no es inofensivo; puedes quemarte en él, incluso te puede consumir.
¿Qué es la ambición?
Según la RAE, la ambición tiene estas dos acepciones:
1.-Deseo ardiente de conseguir algo, especialmente poder, riquezas, dignidades o fama. Sin.: avidez, codicia.
2.-Cosa que se desea con vehemencia. Sin.: deseo, aspiración, anhelo, pretensión, afán, ansia.
¿Es bueno o malo tener ambición?
La ambición es una moneda de dos caras que puede jugar un papel motivador en tu vida, pero también puede convertirse en algo tóxico, y tiene un lado oscuro como lo adelanta el título de este artículo.
¿Cómo saber cuando se convierte en algo peligroso?
La clave, como muchas cosas en la vida está en la justa medida y saber realmente lo que intentamos alcanzar. Es importante saber distinguir ambición y codicia.
La ambición, como valor positivo
Nos ayuda a alcanzar objetivos personales y profesionales. Nos impulsa a pensar a lo grande, y nos permite proyectar nuestros deseos con pasión y determinación. Juega un papel motivador, nos ayuda a perseverar en nuestra meta y a programar nuestro trabajo para alcanzar el éxito.
Yo la definiría como un sentimiento intenso, capaz de motivar a las personas, de impulsarlas hacia delante de empujarlas a alcanzar objetivos, a superar desafíos y conseguir logros. Este impulso interno se apoya en la perseverancia, la dedicación y, como no, en la disciplina.
Su finalidad
La ambición, cuando es intrínseca, es motivada por la mera satisfacción de conseguir los objetivos, de alcanzar las metas. Cuando es extrínseca, es motivada por el reconocimiento o la recompensa.
Implica crecimiento en todos los aspectos, pero también esfuerzo y compromiso, trabajo y tenacidad para superar desafíos.
La ambición tóxica
La ambición se vuelve tóxica cuando es desmedida. Nos hace obsesionarnos en una lucha por el poder y el estatus. Se caracteriza por llevarnos a desarrollar comportamientos destructivos, como la codicia o la envidia.
¿Cómo saber si mi ambición es sana?
Creo que lo más simple y eficaz es hacerte la siguiente pregunta: ¿Qué estarías dispuesto a hacer para alcanzar el éxito?
Cuando uno está dispuesto a todo, a cualquier precio, para alcanzar sus metas, cuando el deseo de poder, de reconocimiento se torna obsesivo, cuando se cruzan todas la líneas morales, llegando a mentir, engañar, manipular, pisar a los demás en un deseo permanente de trepar, entonces, estamos experimentando el lado oscuro de una ambición desmedida.
La ambición se puede convertir en veneno, si nos lleva a olvidar nuestros verdaderos valores.
Diferenciar ambición de codicia
Aquí te dejo algunas reflexiones para aprender a diferenciar la ambición de la codicia.
La codicia se identifica con facilidad, ya que se centra en la obtención de beneficios personales sin tener en cuenta las posibles consecuencias de nuestros actos, mientras que una ambición sana se enfoca en perseguir metas personales y profesionales sin ocasionar daño a los demás.
La codicia es insaciable, es un deseo obsesivo y desmedido de lograr cada vez más; la ambición es una motivación positiva que nos ayuda a crecer para alcanzar nuestras metas y sueños.
La codicia es por definición una actitud egoísta, que no toma en cuenta a los demás, mientras que la ambición puede desear compartir, aportar algo positivo al mundo y a los demás.
La codicia como todas las emociones obsesivas y egoístas es destructiva. Arruina las relaciones interpersonales, puesto que muchas veces implica manipular y explotar a los demás. Sin embargo, la ambición sana busca el desarrollo personal y el crecimiento, sin perjudicar a nadie en el proceso.
Conclusión
No hay nada malo en tener ambición, siempre y cuando no olvidemos nuestros principios y valores. Es importante reflexionar sobre nuestra motivación, sobre nuestras metas y los limites morales de lo que estamos dispuestos a hacer para alcanzarlas.
Desear crecer y tener éxito es legítimo, siempre y cuando lo alcanzamos de forma ética, sin perjudicar a nadie, y sobre todo, sin caer en la trampa oscura de la codicia.


