La inmediatez y sus peligros
Estamos en una era digital en la que todo va muy de prisa, las cosas que se desean se buscan y consiguen en un clic. La inmediatez es una norma, una exigencia generalizada, porque lo queremos todo y lo queremos ya, sin admitir tiempos de espera. En el artículo de hoy, quiero analizar la inmediatez y sus peligros, deteniéndome en cómo ha transformado nuestras relaciones, nuestras comunicaciones, nuestras percepciones, en una palabra, en cómo afecta a nuestra salud mental y emocional.
¿Por que es peligrosa esta cultura de la urgencia?
Tal vez el mayor peligro de la inmediatez, de vivir siempre con prisas, es que nos roba la facultad de discernir lo importante. Cuando todo es urgente, todo parece importante y no logramos diferenciar lo que debe hacerse de inmediato y lo que puede esperar. Perdemos la facultad de priorizar porque no tomamos el tiempo de analizar tu situación y desarrollamos una visión de túnel. Nos centramos en los problemas que acuden a nuestra mente sin parar y pierdes la visión general.
¿Por qué nos atrae tanto la inmediatez?
Buscamos la inmediatez porque buscamos la gratificación, el placer o la satisfacción instantánea y no soportamos demora. Escogemos la recompensa inmediata antes que un beneficio mayor a largo plazo.
Nos atrae porque nos da una falsa sensación de poder, y refuerza nuestro ego, nos agrada conseguir lo que deseamos de forma rápida y fácil porque da la sensación de que lo decidimos y lo controlamos todo.
¿Cómo nos afecta?
En nuestra vida laboral
La cultura de la urgencia, tiene consecuencias negativas en todos los ámbitos.
- La primera es la pérdida de foco: no nos fijamos metas ni tenemos tiempo de desarrollar estrategias para alcanzarlas. Perdemos el foco, el rumbo y solo atendemos urgencias sin plan para ir creciendo.
- No desarrollamos la perseverancia:
- No somos capaces de tener paciencia
- No disfrutamos del proceso, solo ambicionamos alcanzar nuestra meta lo más rápido posible
- Creemos necesario estar disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, trabajar muchas horas para cumplir con lo que se espera de nosotros.
En nuestra vida personal
- Sentimos que no tenemos vida, nos creemos obligados en estar disponible en todo momento.
- No tomamos el tiempo necesario para descansar o relajarnos, pensando en que debemos dedicarlo a amigos y familiares.
- No nos permitimos decir NO.
- Con el deseo de parecer siempre activo, estamos en un estado de alarma constante.
En las comunicaciones
Las comunicaciones digitales son rápidas, pero muchas veces imprecisas, por no decir erróneas. Con las prisas, hay poco interés en comprobar las informaciones o hacer una reflexión profunda. Muchas veces, faltan los conocimientos o la cultura general, aptitudes que se adquieren solo con tiempo de estudio y esfuerzo. Se observa una clamorosa falta de criterio, de sentido crítico, que para poder desarrollarse necesitan tiempo, sentido común y reflexión.
Esclavizados por las redes, nos pasamos horas comprobando las actualizaciones de amigos y conocidos no queremos perdernos nada, interactuamos constantemente a watsap, mensajes, haciendo «scroll» en cualquier circunstancia, incluso cuando no podemos hacerlo.
En las relaciones
Las prisas nos confunden, juegan con nuestras emociones, nos hacen buscar vínculos tan llamativos como rápidos, que resultan ser a menudo de escasa calidad. Nuestras relaciones son superficiales, sin bases sólidas , y, como un edificio construido de prisa sin los necesarios cimientos, no resisten al paso del tiempo o de las dificultades, se derrumban con facilidad. Nos creamos unas expectativas poco realistas, pues nos hemos acostumbrado a las vidas idealizadas que observamos en redes sociales, y desarrollamos insatisfacción.
Buscamos la rapidez en solucionar los conflictos y si no la conseguimos, preferimos acabar con la relación. No tenemos paciencia, ni capacidad de escucha. Nos hemos olvidado de que las relaciones profundas se construyen, con la convivencia, compartiendo tiempo de calidad y experimentando juntos.
En la salud
La «cultura» de la urgencia nos provoca agotamiento, ansiedad y estrés. Nos sentimos abrumados, «quemados», desgastados, evidenciando síntomas de cansancio físico y emocional, bajo rendimiento laboral, pérdida de interés e ilusión, depresión. También puede afectar nuestra salud física con dolores de cabeza, insomnios, problemas gastricos y digestivos, etc.
Todos estos signos nos están avisando de que hemos perdido el equilibrio en nuestra vida.
Conclusión
Es importante bajar el ritmo, no permitir que la prisa y la inmediatez altere o manipule nuestras emociones, y dejar de buscar a toda costa la gratificación instantánea. Es fundamental para nuestro bienestar y nuestra salud mental y emocional, vivir en consciencia y en coherencia con nuestra esencia. Debemos permitir la incertidumbre, cultivar la paciencia, aprender a disfrutar del proceso construyendo vínculos sanos, reales y profundos desarrollando valores que nos aportarán felicidad y equilibrio. Si logramos construir una vida profesional sana y activa, que nos proporcione satisfacción sin robarnos el descanso y la vida personal, lograremos alcanzar una satisfacción duradera que contribuirá a nuestro crecimiento personal.


