Síndrome del túnel
DESARROLLO PERSONAL,  RESILIENCIA

El síndrome del túnel

Todos experimentamos estrés en nuestra vida cotidiana, en el ámbito laboral, frente a cambios bruscos en nuestra vida personal, cuando surgen problemas familiares o financieros, enfermedades, incluso en nuestra vida social. El estrés es natural, es una respuesta adaptativa frente a situaciones, amenazas o desafíos.

El estrés activa el cerebro provocando la liberación de hormonas como la adrenalina y el cortisol, para enfrentar la situación estresante o la amenaza. Sin embargo, si es demasiado intenso o constante, puede afectar a nuestra salud física y mental, provocando irritabilidad, palpitaciones, dolor en el pecho, incluso ansiedad o depresión. Cuando esto ocurre, perdemos capacidad reflexiva pasando por alto posibles soluciones y nos centramos tan solo en un problema específico. Es lo que llamamos el síndrome del túnel.

Visión en túnel

El síndrome del túnel es una metáfora de la visión en túnel o visión tubular, un síntoma que se manifiesta como la reducción o perdida de la visión periférica, conservando intacta la visión central. Cuando ocurre, el campo visual de una persona es reducido, como si mirara a través de un tubo estrecho. De ahí el nombre de «visión de túnel».

El efecto túnel

Este fenómeno psicológico que afecta nuestra percepción, limita nuestra capacidad de percibir cualquier información o estímulo que se encuentra fuera del foco de nuestra atención. Ocurre cuando solo somos capaces de percibir lo que consideramos una amenaza y, en este aspecto, es una reminiscencia heredada de nuestra época más primitiva, en la que nuestro cerebro nos obliga a enfocarnos en los problemas más urgentes para nuestra supervivencia, intensificando los sentidos en ese punto desvaneciendo todo lo demás para no desconcentrarnos.

Cuando el cerebro detecta un peligro o una amenaza, ocurren una cantidad de cambios fisiológicos que lo preparan para enfrentar el peligro: entra en modo de «lucha o huida»; ajusta de manera rápida el foco visual de los ojos, las pupilas se dilatan por la adrenalina que se descarga por las glándulas suprarrenales. En ese instante una cantidad grande de luz entra al ojo sin tiempo para que este se adapte, lo que afecta la capacidad de observación periférica y provoca lo que llamamos visión de túnel. Intensifica los sentidos desvaneciendo todo lo demás para que no perdamos el enfoque.

Visión de túnel a nivel oftalmológico y cognitivo

A nivel oftalmológico

Se refiere a la pérdida de la visión periférica, manteniendo solo la visión central. Las tareas habituales y cotidianas como conducir, leer, y reconocer lugares y rostros pueden convertirse en un desafío, provocando sensación de aislamiento y miedo a conocer entornos nuevos o desconocidos.

A nivel cognitivo

A nivel cognitivo, se trata de un estado donde nos enfocamos exclusivamente en aspectos negativos o en un rango muy limitado de percepciones. Afecta a la toma de decisiones, las relaciones y la capacidad general para enfrentar los desafíos de la vida.

Causas

El síndrome del túnel puede tener su origen en varios factores como el estrés y la ansiedad, la sobrecarga emocional, el exceso de perfeccionismo, la presión en el ámbito laboral o social y la baja autoestima.

Consecuencias

Los síntomas derivados son la dificultad en encontrar soluciones, el sentirse atrapado mentalmente, pensar que no tenemos salida o alternativa, lo que agrava el estrés y reduce aún más la capacidad para pensar con claridad o para salir del túnel, y una falta total de creatividad y flexibilidad.

Las personas que sufren el síndrome del túnel se sienten atrapadas en un bucle de pensamientos negativos del cuál no logran escapar, no logran evaluar las opciones de manera objetiva, ni encuentran la solución por estar obcecadas en el problema. Las consecuencias podrían ser una sensación de soledad y aislamiento, como si todo fuera irrelevante en comparación con su problema, junto a una tendencia marcada al pesimismo y la depresión.

Las consecuencias físicas del estrés prolongado también pueden provocar la aparición de fatiga, dolores musculares, problemas gastrointestinales, insomnio, etc., alimentando un círculo vicioso donde la mente y el cuerpo se agotan mutuamente.

¿Existen estrategias para ayudarnos?

Una de las herramientas que más nos puede ayudar es el Mindfulness o las técnicas de atención plena, método que ayuda a las personas a entrenar su mente para observar sus pensamientos sin quedar atrapadas en ellos.

Practicar técnicas de respiración y relajación también puede ayudarnos, permitiendo que la mente se abra a nuevas perspectivas. Además, expresar su malestar y preocupación es fundamental, así como el apoyo social. Es necesario hablar con amigos o familiares, consultar un terapeuta para obtener una visión externa y más objetiva del problema.

Utilizar técnicas de resolución de problemas puede sernos de gran ayuda, ayudándonos a dividir un problema que nos parece enorme en varios pequeños, más fáciles de solucionar. Esto permitirá a nuestro cerebro abandonar el modo de alarma y comenzar a trabajar en buscar soluciones.

Conclusión

Si te identificas con algunos de los síntomas que hemos descrito, si experimentas el efecto túnel en situaciones de estrés y te sientes atrapado, con la convicción de que no existe salida a tu situación, si te sientes aislado en un bucle negativo, no esperes más y busca ayuda profesional. Un terapeuta puede acompañarte para explorar las raíces de tu situación, rebajar tu nivel de estrés, devolverte flexibilidad cognitiva y ayudarte a encontrar soluciones.

Recuerda que el efecto túnel puede ser dañino para tu salud física y emocional, pero que puede superarse mejorando tu capacidad de percepción y atención frente a situaciones de estrés y grandes desafíos personales.

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