La voz discordante
Desarrollo Personal,  Resiliencia

La voz discordante

En una sociedad donde impera el pensamiento único y lo politicamente correcto, donde opinar de manera distinta que la mayoría de la gente está mal visto, escoger en solitario una dirección cuando todo el mundo va en la opuesta, requiere de audacia y valor, porque significa ir a contracorriente, ser la voz discordante, la oveja negra que bala de forma distinta a los demás.

El hombre, un animal social

Aristóteles afirmó hace mucho tiempo que «el hombre es por naturaleza un animal social» y que quien no participa en la sociedad es «o una bestia o un dios». 

Y es cierto que nos gusta vivir en sociedad, relacionarnos con otros seres humanos, por lo que a veces nos vemos obligados a comportarnos de una forma que no corresponde a nuestra personalidad y hacer cosas que no deseamos hacer.

Un camino impuesto

La sociedad marca para todos un camino y nos educan para seguirlo. Desde pequeños, pensamos que debemos integrarnos: estudiar, encontrar un trabajo estable bien pagado, formar una familia y prosperar. Según las corrientes de los gobiernos, también nos toca seguir las consignas, aceptar los roles de genero que nos asignan y que van cambiando según las necesidades del momento y cumplir el papel que se espera de nosotros. Debemos ser solidarios, preocuparnos por la igualdad, el lenguaje inclusivo, el cambio climático, aceptar y promover la diversidad y desterrar los viejos patrones asociados a nuestro género.

La presión del grupo

Es la presión que el grupo ejerce sobre los individuos y el hecho de vivir en sociedad implica de forma inevitable verse expuesto a los juicios ajenos. Lo aceptamos porque en mayor o menor medida, todos necesitamos sentir la aprobación de nuestro entorno. 

La presión social nos hace a veces cambiar nuestra conducta, nuestra actitud, incluso nuestras opiniones para encajar, para gustar a los demás, con el fin de evitar a toda costa el rechazo y la marginación. Con tal de satisfacer a los demás, llegamos a cambiar nuestra personalidad, para actuar en consonancia con el grupo de referencia, aunque contrarie lo que realmente queramos ser o hacer. Miedo al rechazo, deseo de aceptación, temor a la crítica, muchos son los motivos que hay detrás de este comportamiento.

Necesidad de pertenencia

¿Por qué renunciamos a lo que pensamos y somos para acercarnos a lo que se espera de nosotros?

Por deseo de pertenencia. Necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo, un colectivo, un país y necesitamos obterner la aprobación de los demas, su validación. Es en muchos aspectos una forma de sometimiento y esclavitud, y nos transforma en seres vulnerables cuyo bienestar depende del reconocimiento de los demás.

Pero solo hay dos opciones: encajar con la mayoría o ser libres, lo que equivale muchas veces a quedarse solo.

¿Por qué no escogemos la libertad?

¿Por qué no la mayoría de nosotros no escoge la libertad? Porque ser libre requiere pagar un precio que a muchos se nos antoja alto. Implica atraverse a apartarse del camino marcado, arriesgarse a las críticas y al rechazo, a no complacer a los demás y convertirse en una oveja negra.

La valentía

Atreverse a ser libre requiere valentía porque implica ir a contracorriente, opinar de manera distinta y no encajar en los moldes preestablecidos que nos tienen preparados. Ser diferente, en todos los tiempos incluidos los actuales ha sido asociado a estar equivocado o ser un rebelde, cuando encajar es considerado como ser normal.

Ir a contracorriente: ¿es una buena actitud?

No se trata de ir sistematicamente a contra corriente con el fin de ser diferente, como reza la famosa frase (ignoro quién la pronunció): Díme de que hablas que me opongo. Ser un opositor compulsivo, si no nace de una convicción profunda no aporta nada.

Ser la voz discordante se impone cuando notas que, por seguir las corrientes y los caminos trazados, pierdes tu esencia, desoyes la voz interior que te pide rebelarte y te alejas de tu propósito.

La vida: un camino individual

Aunque vivimos en sociedad y hemos de acatar las reglas de convivencia, no por ello hemos de sacrificar nuestro propósito y convertirnos en uno más, una oveja que bala al son de la mayoría. Cada uno de nosotros, tiene un camino individual, que nos distingue de los demás y no debemos renunciar a la posibilidad de desarrollarlo, aunque para ello sea necesario salir del rebaño.

La felicidad se asocia al sentido de propósito

Seguir la corriente general te proporcionará seguridad, la impresión de encajar en tu círculo y en tu mundo, de ser aceptado, pero ¿te proporcionará la felicidad? En mi opinión, no. Solo serás uno más, renunciando a descubrir tu potencial, quién eres y lo que quieres, renunciando a descubrir tu ikigai. Lo más probable es que te conduzca al aburrimiento y la mediocridad.

Conclusión: se la voz discordante

Ser la voz discordante puede representar un desafío y equivale a escoger un camino sembrado de obstáculos que, al tener que superarlos, te harán más resistente y te fortalecerán. Te encontrarás con rechazo, críticas, falta de apoyo y reprobación, intentarán reconducirte de vuelta al rebaño, o hacerte desistir de tus ideas como en la parabola de los monos. Si cedes a la presión y abandonas tus sueños, te recalcarán lo equivocado que estabas.

Atrévete a salir de los caminos trillados, a no permitir que nadie decida por ti lo que piensas, dices y haces, atrévete a ser esta voz discordante que se eleva y molesta porque se diferencia de los balidos del grupo.

Tu vida es tuya, no permitas que nadie te diga cómo vivirla.

«A donde sea que vaya la multitud, ve en dirección contraria.»

Charles Bukowski

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