La escritura terapéutica: cuando escribir puede ayudarte a sanar
La escritura tiene muchas virtudes y no las conocemos todas. Posee, entre otros, un poder transformador ya que el hecho de plasmar nuestras ideas y emociones sobre el papel libera nuestra mente de pensamientos tóxicos. La escritura se llama terapéutica cuando escribir puede ayudarte a sanar. Sí, puede convertirse en una terapia, y no es necesario por ello escribir una novela. El acto de escribir cada día en un diario, el journaling, es una de las muchas técnicas (no es la única) que puede ayudarnos a mejorar nuestra salud mental.
Las áreas cerebrales involucradas en la escritura
Cuando escribimos, hay varias regiones del cerebro que se activan simultáneamente, cada una desempeñando un papel único. Las principales áreas son:
Corteza prefrontal implicada en la planificación y organización de las ideas, la Corteza motora que permite el trazo de las letras gracias a la coordinación entre el cerebro y los movimientos manuales, el Área de Broca, en el lóbulo frontal, responsable de la producción del lenguaje, el Área de Wernicke: situada en el lóbulo temporal, que es la encargada de la comprensión del lenguaje escrito y hablado; por fin está el Hipocampo, fundamental en la memoria, que nos permite recordar palabras y conceptos durante la escritura.
¿Cuál es la forma de iniciar la escritura terapéutica?
Si no estamos familiarizados con el acto de escribir y la idea nos parece extraña, podríamos empezar a buscar un cuaderno bonito que nos motive para iniciarnos en el journaling y escribir diariamente ideas, anécdotas, sensaciones, o buenas noticias, centrándonos principalmente en las cosas positivas que hayamos experimentado a lo largo del día.
Si logramos crear un hábito y transformarlo en rutina, generaremos un impacto positivo en nuestra salud mental y conseguiremos cambiar nuestra perspectiva de las cosas. Iremos adquiriendo día tras día un mayor equilibrio emocional. Aprenderemos a través de un diario de agradecimiento a valorar las cosas buenas que nos rodean.
¿Qué necesitamos?
Nada, o casi nada. Solo nos hace falta papel, lápiz y un poco de intimidad para liberar emociones y adentrarnos a solas en nuestro complejo mundo interior.
¿Se puede escribir en el ordenador?
Por supuesto. Yo misma lo utilizo cuando escribo novelas, ya que es mucho más fácil guardar, editar y posteriormente imprimir la información, pero cuando escribo con otros fines, journaling, diario de agradecimiento, etc., prefiero hacerlo a mano, ya que es un acto que me ayuda a concentrarme y canalizar mejor las emociones.
¿Cuánto tiempo necesitas?
El tiempo en sí no es importante, lo que sí es fundamental es la regularidad: buscar un rato cada día para aislarnos y dar salida a nuestro estrés, preocupaciones, sueños y reflexiones. Se convertirá en un hábito que, si logramos implementarlo, nos será útil y se quedará con nosotros para el futuro.
¿Por qué escribir?
Podríamos pensar que es mucho mejor hablar, expresar lo que sentimos, pero no siempre es posible. En este caso, escribir puede convertirse en una buena opción. Permite deshacerse de todo lo negativo, sacarlo a fuera, evitando que pensamientos y emociones tóxicas nos dañen. Si las guardamos, acabaremos con repercusiones de tipo físico, dolores, malestar, migrañas, incluso enfermedades. Es lo que se llama psicosomatisación.
Esta herramienta de introspección que combina la exploración de pensamientos, emociones y sentimientos, con el hecho de escribir, se convertirá en un viaje hacia el autoconocimiento y el bienestar emocional.
Ejercicios
Son muchas las posibilidades a nuestro alcance, solo tenemos que escoger el que nos inspire o con el cual nos sentimos más cómodos. Desde el diario personal, en el cual podemos anotar nuestras experiencias y los momentos vividos, el journaling del cuál hemos hablado anteriormente, que también podemos llamar escritura libre y que consiste en dejar salir todo lo que nos viene a la cabeza, y las cartas que pueden ser de gran ayuda.
Podemos redactar desde cartas al niño que fuimos, a nuestro yo del futuro, a personas con las cuales no podemos hablar, expresándoles lo que sea que sintamos, pena, alegría, perdón, enfado, ira. En realidad, nunca se mandarán ya que su función es liberar emociones. También se puede escribir y deconstruír un problema, que no conseguimos resolver, detallando e identificando sobre el papel, uno por uno, todos los obstáculos y buscando soluciones, o practicando la deconstrucción de un problema grande en varios pequeños que intentaremos solucionar.
Para los más inspirados está la escritura creativa que nos permite conectar con nuestro yo profundo, liberar nuestra imaginación y explorar aspectos profundos de nuestra personalidad.
Olvidando la estética
Cuando se escribe como parte de una terapia, hay que hacerlo sin preocuparse de la estética, la gramática, la corrección de la expresión, etc. Pasan a un segundo plano, pues lo importante es lo que escribes, no cómo lo haces. Si estamos pendientes de escribir bien, la escritura no cumplirá su función terapéutica. Hay que soltarse, liberar todas nuestras emociones y expresarlas tal y como vienen, sin cuidar la forma.
Conclusión
Si tenemos problemas emocionales importantes, nada va a sustituir a un terapeuta, con el que te vas a comunicar hablando, pero, en caso de no saber o no poder hacerlo, escribir puede ser una gran opción. Puede complementar un tratamiento psicológico, y nos permite canalizar nuestras emociones, sacar a la luz nuestros miedos, liberarnos de nuestra negatividad, y de alguna forma, poner en orden el caos. Al distanciarnos de lo que vivimos, conseguimos otorgarle un sentido.
Gracias al poder de las palabras que nos ayudan a describir nuestras emociones, podemos tomar consciencia de ellas y asumirlas. Podemos sanar muchas heridas, reducir nuestra carga mental y, sobre todo, encontrarnos con nosotros mismos.



Un comentario
Michèle
No estoy interesada, gracias