¿Qué debemos priorizar? ¿La meta o el proceso?
La vida es un viaje lleno de sorpresas, un itinerario en el que es importante establecer metas.
El destino, lo marcamos nosotros, o por lo menos lo intentamos. Para no dejarnos llevar por los acontecimientos de forma pasiva, es importante definir un rumbo, fijarnos una estrategia, y organizar nuestras acciones en torno a ella.
Pero¿qué debemos priorizar? ¿La meta o el proceso? Esto nos preguntamos cuando la adversidad se interpone, nos frena o nos desvía. El camino se vuelve largo y tortuoso y la meta parece inalcanzable.
El camino
Es evidente que igual que antes de viajar debemos decidir a dónde queremos ir, en nuestra vida debemos tener claro lo que queremos conseguir, a dónde queremos llegar y recordarlo de vez en cuando para no perder la motivación. Muchas veces, nos obsesionamos con los resultados olvidando que mientras nos enfocamos en trabajar y estamos luchando, la vida pasa.
La paradoja de pensar solo en los resultados
El hecho de obsesionarnos para alcanzar nuestros sueños o los objetivos que nos hemos marcado, nos hace vivir en piloto automático contando los kilómetros que nos quedan para llegar a nuestro destino. Esto implica que nos perdamos el presente, que avancemos olvidando mirar el paisaje o los pueblos que cruzamos. No disfrutamos del camino ni de lo que nos enseña.
Ahí está la gran paradoja, cuando nos enfocamos en los futuros resultados, olvidamos el presente, lo fugaz que es la vida, y no disfrutamos de su belleza.
Saboreando cada etapa
Las grandes metas no se logran en un día, los sueños no se alcanzan por casualidad y ,los propósitos que sean personales, profesionales o deportivos, no se consiguen en un abrir y cerrar de ojos. Aunque desde fuera contemplamos las personas exitosas con la sensación de que su vida es fácil, ignoramos lo mucho que han tenido que trabajar para llegar a donde están, y cuántos años han tardado en conseguirlo. ¿Cuál es su secreto?
Fluir
El secreto, la diferencia entre la gente que ha logrado hacer realidad sus metas y los que se han quedado solo con las ganas, porque han abandonado a mitad del camino, es la capacidad de abrazar la adversidad. Es el Amor fati, uno de los preceptos del estoicismo. Significa algo como amar al destino.
Implica fluir hacia la meta. Esta palabra que tanto se utiliza en la actualidad, tal vez suene vacía de contenido pero concentrémonos en la imagen que evoca: se trata de dejarse llevar, como un barco de papel en las aguas de un río, de no intentar ir a contracorriente. No significa la inacción, no estoy hablando de pasividad, sino de vivir en presente, intentando no luchar contra lo inevitable, y tratando de prestar atención a nuestro entorno.
Atesorando experiencias
Si logramos mantener nuestra atención en el ahora, si nos fijamos en todas las etapas de nuestro camino, tanto si son fáciles como si representan un desafío, viviremos intensamente las alegrías y las derrotas, nos volveremos sabios, resilientes y serenos. Practicaremos la dicotomia del control, uno de los pilares del estoicismo que consiste en distinguir lo que depende de nosotros y lo que no.
El valor del proceso
El proceso en sí mismo contiene aprendizajes, enseñanzas, está repleto de oportunidades para aprender y crecer. Cada desafío, cada error, se convierte en un maestro que nos guía hacia una comprensión más profunda de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. La verdadera sabiduría surge no solo de los éxitos, sino también de las experiencias que nos desafían.
Si vives disfrutando del proceso, aprendes a ser feliz independientemente de las circunstancias, y sobre todo, consigues que tu felicidad no sea vinculada a tu éxito.
Cuando te decides a disfrutar del proceso, tu felicidad ya no depende del resultado (Yehuda Berg)
Conclusión
¿Te has preguntado alguna vez por qué la gente que se plantea reto de cualquier índole, sea profesional o deportivo, enseguida que los alcanza busca otros nuevos?
La respuesta es sencilla, porque lo que de verdad importa no es el resultado sino cómo logras vencer los obstáculos, superar las dificultades para conseguirlo, cómo aprendes, resistes y te haces fuerte en el camino.
Seria interesante contemplar nuestra vida como un gran puzle que vamos completando, día tras día, años tras año. Al trabajar en ello, nos alegramos saboreando de antemano el resultado final y esta emoción nos impulsa a seguir avanzando, buscando las piezas que nos faltan, nos sirve de aliciente, de motor.
Por supuesto cuando logremos nuestros objetivos, nos sentiremos felices y recompensados de todos nuestros esfuerzos, pero los disfrutaremos poco tiempo. Nos lanzaremos enseguida en busca de nuevos retos.
Para terminar me gustaría subrayar el hecho de que la meta no es primordial. Cuando la alcanzamos, nos damos cuenta de que la meta real era el proceso, el camino que tuvimos que dibujar para alcanzarla. La vida es esto, un camino de aprendizaje y madurez, no en busca del éxito sino de conseguir superarnos, alcanzando nuestra mejor versión.


