Sobreadaptación o síndrome del camaleón
La capacidad de adaptación se considera una habilidad necesaria para ajustarnos al entorno, integrarnos en la sociedad, encontrando un justo equilibrio entre nuestro gusto, personalidad y necesidades y las de los demás. Es un requisito necesario para sobrevivir, ser aceptado en el grupo y suele considerarse positiva. Sin embargo, cuando esta adaptación es permanente y extrema, podemos caer en la sobreadaptación o síndrome del camaleón.
¿Qué es la sobreadaptación?
Cuando la adaptación se transforma en un esfuerzo permanente para complacer a los demás, satisfacer sus deseos, necesidades y expectativas, olvidando los nuestros, cuando el patrón se vuelve excesivo haciéndonos perder la capacidad de discrepar ante una persona, situación o demanda externa, entonces estamos ante una personalidad sobreadaptada.
Causas
El deseo de complacer, el miedo al rechazo, el temor a los conflictos, la necesidad de aprobación y también una baja autoestima pueden ser el origen de la sobre adaptación.
Pero existen otros factores, que remontan a la infancia y tienen mucho que ver con la educación recibida
Sobreadaptación en los niños
Muchas veces los pequeños creen que para ser aceptados y amados, deben portarse bien con todo el mundo. Si se les castiga por expresar el enfado y la rabia, se les transmite el mensaje de que no es bueno expresar lo que uno siente. El niño sobreadaptado se caracteriza por ser bueno, dócil, responsable, no plantear problemas y no molestar.
Muchas veces, detrás de niños sobreadaptados, hay padres exigentes, autoritarios, ambientes donde el disenso se considera inaceptable.
Sobreadaptación en la pareja
Consiste en amoldarse al otro, hasta el punto de olvidarnos de quienes somos. Se caracteriza por solo pensar en el bienestar y felicidad del otro, en un exceso emocional que revela nuestra falta de autoestima, vulnerabilidad y miedo al rechazo.
Sobreadaptación en la sociedad
¿Por qué renunciamos a lo que pensamos y somos para acercarnos a lo que se espera de nosotros?
Por deseo de pertenencia. Necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo, un colectivo, un país y necesitamos obtener la aprobación de los demás, su validación. Es en muchos aspectos una forma de sometimiento y esclavitud, y nos transforma en seres vulnerables cuyo bienestar depende del reconocimiento de los demás.
Los riesgos de la sobreadaptación
Un carácter demasiado complaciente, adaptable, flexible hasta el punto de nunca presentar una objeción o causar un problema, puede considerarse cómodo para los demás, incluso pasar desapercibido, pero entraña graves consecuencias para el individuo.
Perdemos nuestra identidad
Al adaptarse siempre al entorno, nos vamos olvidando de quienes somos en realidad, nuestra personalidad se va diluyendo y perdemos nuestra identidad.
Perdemos autenticidad
Ya no somos nosotros, sino una versión distorsionada de nosotros mismos, hemos perdida autenticidad por el camino.
Perdemos nuestra autoestima
Podemos acabar perdiendo la confianza en nosotros mismos, sentirnos insuficientes, incapaces de satisfacer las expectativas de los demás, lo que puede llevar a una destrucción de nuestra autoestima y a una autovaloración distorsionada.
Relaciones desiguales y disfuncionales
Las relaciones que establecemos suelen ser desiguales, desequilibradas, porque olvidamos nuestras propias necesidades para satisfacer a los demás. Esto puede generar en nosotros un resentimiento y una frustración profunda y causar un desgaste en nuestras relaciones.
No saber poner limites
La sobreadaptación dificulta nuestra capacidad para establecer límites saludables en nuestras relaciones e interacciones con los demás y con el mundo. Nos somos capaces de decir «no», ni defendemos nuestras opiniones o nuestras necesidades, lo que nos provoca un estrés constante.
El síndrome del camaleón
El síndrome del camaleón puede derivar de la sobreadaptación; es una tendencia inconsciente a mimetizarse con las personas o el ambiente de los grupos en los que nos movemos.
Todos conocemos a amigos que cambian de forma sorprendente, en función del entorno en el que se mueven. Cuando se relacionaban con gente divertida, se vuelven divertidos, si lo hacen con intelectuales serios, se vuelven serios y callados, si se integran en un grupo de viajeros intrépidos, adoptan su comportamiento.
Es fácilmente observable en los niños que tienden a imitar las actitudes de los adultos, tanto las positivas como las negativas, en los adolescentes que siguen las normas de comportamiento, de lenguaje, de vestimenta, así como los gustos y opiniones de los integrantes de sus pandillas, con tal de ser aceptados y de pertenecer a un colectivo.
Conclusión: aceptarnos y amarnos
Una de los problemas críticos que implica la sobreadaptación es que pasa desapercibida, sobre todo para el que la padece. De forma inconsciente, nos acostumbramos a exigirnos sacrificios para satisfacer a los demás, no soportamos los conflictos, deseamos quedar bien a toda costa.
Pero si conseguimos identificar sus síntomas, podremos rectificar nuestras actitudes, comportamientos y aprender a establecer límites, a decir no, a redescubrir quienes somos, lo que nos gusta y nos hace felices. Si empezamos a aceptarnos y amarnos, tal como somos, prescindiendo de la opinión de los demás, nos liberaremos de una carga pesada y sentiremos un alivio inmenso.
Recobraremos por fin nuestra libertad, sanaremos nuestras heridas, dejaremos de sufrir, y de alguna manera, renaceremos.


