Coleccionista de ideas
¿TE GUSTA ESCRIBIR?,  LITERATURA INFANTIL,  LITERATURA JUVENIL,  RECURSOS LITERARIOS

El escritor como coleccionista de ideas

No siempre sabemos de dónde nos vienen las ideas. A veces surgen mientras caminamos, otras veces al escuchar una canción o una conversación en la parada del autobús. Las podemos encontrar recordando una frase oída hace años o incluso después de despertar de un sueño.

Las ideas no se crean, ni se producen; en mi opinión, se recogen. El escritor, más que inventor, es un coleccionista paciente. Alguien que sabe mirar, escuchar, y sobre todo guardar.

Vivir atento a lo que te rodea

Si queremos recoger ideas o atesorarlas, debemos tener una disposición especial, y es la de vivir con los sentidos abiertos, caminar por la vida con una cesta bajo el brazo, como el que se interna en el bosque para buscar setas, listo para recoger ideas. No sabe qué va a encontrar, pero está listo para guardar lo que resuene: una emoción, una escena fugaz, un detalle nimio que para otros pasaría desapercibido. Ese es el verdadero material de su trabajo.

En su cesta, va guardando pequeñas joyas que a otros les parecerían simples piedras: una frase inesperada, una imagen poderosa, una emoción que le ha impactado, un suceso que le ha dejado huella.

¿Dónde encontrarlas?

Muchas ideas, para no decir la mayoría, se recogen en la vida cotidiana, en el mundo exterior, pero otras nacen en un territorio distinto, perteneciente al mundo onírico. Si, a veces recogemos ideas del sueño. Incluso dormidos, seguimos escuchando y escribimos sin saber que lo estamos haciendo, tomamos notas mientras dormimos, mientras observamos sin intervenir. Aprendemos a leer e interpretar las señales de nuestro subconsciente, los símbolos de nuestro mundo interno, a escuchar lo que aún no está formulado con palabras.

¿Convertirse en un ladrón de ideas?

A parte de las ideas encontradas, en la vida diaria, en los sueños, en las conversaciones ajenas, hay otras que podríamos calificar de ideas robadas. Robadas con cariño, con respeto y admiración, con deseo de hacerlas nuestras desde otro ángulo, desde otra perspectiva. Porque escribir también es recordar, los mensajes de los libros que nos marcaron, de las historias que nos cautivaron, de los autores que admiramos, que nos enseñaron a ver el mundo de otra manera.

A veces una historia leída nos deja una pregunta pendiente, o un personaje ajeno ha despertado en nuestro interior el deseo de hacerle renacer desde otro lugar. Robamos, sí, pero lo hacemos para observar, comprender, recomponer algo nuevo con nuestras propias manos. Porque nadie escribe desde cero. Escribimos desde nuestras lecturas, desde nuestras heridas, desde nuestra historia personal o desde las huellas que otros dejaron en nosotros.

Nada se crea realmente.

Sí, sé que suena raro pero si nos paramos a pensar, no hay originalidad pura. Todo está inventado, no solo en la literatura sino en todo. Solo hay posibilidades de combinaciones nuevas, miradas diferentes, ecos transformados, apropiaciones honestas. Lo importante es lo que hacemos con eso, cómo lo pasamos por el tamiz de nuestra percepción y sensibilidad, cómo lo convertimos en algo propio.

Nada se pierde, todo se transforma…

Esta frase, a menudo atribuida al químico francés Antoine Lavoisier, resume el principio de conservación de la materia, y va mucho más allá del ámbito científico. Implica ver el mundo a través de un prisma de renovación perpetua y la convicción de que nada desaparece realmente sino que evoluciona, cambia de forma. Es aplicable a las civilizaciones, pero también a las ideas.

Renovación infinita

Nos damos cuenta de que lo “desechado” nunca está realmente perdido, sino que puede revalorizarse, como lo demuestra la cultura actual del reciclaje. Traduce una idea de renovación perpetua, donde nada realmente desaparece, sino que evoluciona en otra forma. Esto se puede aplicar a los ciclos naturales, a las ideas o a las civilizaciones.

Practicar la atención

Ser coleccionista de ideas es, en el fondo, una forma de estar atento, de vivir en consciencia, con la atención puesta en el instante presente, mirando a nuestro alrededor con curiosidad, con humildad, pero sobre todo con asombro y con extrañamiento.

No estoy hablando de acumular historias ajenas, tramas perfectas o argumentos redondos, sino de juntar semillas. Algunas germinarán rápido, otras quedarán años dormidas en un cuaderno, pero todas ellas tienen valor porque encierran un potencial. De nosotros depende en lo que las convertiremos, todas hablarán de quién somos y de cómo miramos el mundo.

Escritura mental

A veces, años antes de escribir una novela empezamos a pensarla. El proceso se inicia cuando de repente recogemos algo que nos toca sin saber por qué. Puede ser un suceso, una historia real o una frase escuchada por casualidad. Lo añadimos a la colección confiando en que, más adelante, esas piezas dispersas encontrarán su lugar en el puzle de alguna historia. Sabemos que todo lo que atesoramos, de forma cuidadosa y amorosa, puede ser el inicio o elemento de una buena historia, la chispa capaz de encender el fuego de nuestra imaginación. Lo hacemos como quién guarda piedras bonitas o plumas raras como un tesoro hallado en el camino.

Convertirse en coleccionista

Ser coleccionista de ideas no significa tener un cuaderno lleno de argumentos listos para usar. Significa desarrollar una forma de mirar. Es aprender a estar en el mundo con una atención plena, como quien va a buscar un tesoro, que camina al encuentro de algo sin saber qué. Hay días en los que no encontramos nada, pero otros los más gratificantes y mágicos, basta una palabra, algo que nos llama para encender una historia entera.

Paciencia

Esta forma de recoger, de guardar, nos obliga también a tener paciencia, perseverancia y confiar en el tiempo. Hay que dejar reposar las ideas, porque no todas las ideas germinan al momento. Algunas se quedan años dormidas en un cuaderno, mientras otras irrumpen en nuestra mente cuando aún no estamos preparados para transformarlas en historias. Pero si las dejamos guardadas, descubriremos que muchas de ellas vuelven; cuando lo hacen, traen consigo la historia que estábamos esperando.

Un archivo íntimo

Coleccionar ideas es también una forma de resistencia frente a la moda de producir rápido, sometiéndose a las modas literarias. Es comprender que el proceso es importante y que la historia comienza mucho antes de empezar a contarla. Germina cuando decidimos no dejar pasar algo que nos llama, cuando lo anotamos, lo dibujamos, lo nombramos.

Y así, día a día, palabra a palabra, vamos construyendo nuestro archivo personal. Una especie de memoria íntima de nuestro universo creativo en el que se mezclan lo real y lo imaginado, lo soñado con lo vivido.

Escribir: compartir y dar

Escribir es, en última instancia, una forma de compartir, de sacar algo de nuestro archivo íntimo y ofrecerlo al mundo. Y cuando un lector, sea un niño, una adolescente o un adulto, recibe eso que hemos cuidado tanto tiempo, el círculo se cierra. Entonces la escritura cobra sentido: no como producto terminado, sino como puente, como acto de dar.

Conclusión

Ser coleccionista de ideas es, también, una forma de vivir, de transitar el mundo con los ojos abiertos y el alma dispuesta a sorprenderse, a enriquecerse de las experiencias diarias.

Escribir es intentar saber lo que escribiríamos si escribiéramos, decía Marguerite Duras

Esta reflexión implica que la escritura es un acto de exploración, un viaje hacia lo desconocido que solo se revela al escribir. No se trata de predecir lo que se va a escribir, sino de descubrirlo a través de la escritura misma. Y para eso, hay que estar atentos. Y confiar.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Michèle Rodriguez Pastor.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad