Niña con capa roja mirando con temor un enorme lobo feroz
¿Te gusta escribir?,  Literatura infantil

Cuentos infantiles de ayer y de hoy

Hay cuentos infantiles muy antiguos, que han resistido al paso del tiempo sin envejecer y que constituyen un legado de nuestros ancestros, a la vez que encierran mucha sabiduría. Los abuelos y los padres han sido, en todas las épocas, los encargados de contar a los pequeños, historias fascinantes que siempre escondían un aprendizaje bajo la forma de una moraleja.

Los cuentos han sobrevivido primero, gracias a esta tradición oral y más tarde, gracias a los libros. Existen en todas la culturas y representan una herencia importante y valiosa; siguen escribiéndose hoy, aunque con un estilo diferente. Son los cuentos infantiles de ayer y de hoy.

¿Qué es un cuento?

El cuento tradicional es un relato de ficción breve, a veces anónimo, que se ha transmitido de boca en boca a través de la cultura popular en el mundo entero. Todos conocemos los cuentos de Andersen ( La sirenita, el intrépido soldadito de plomo, el patito feo), de los Hermanos Grimm (Rapunzel, Hansel y Gretel), de Charles Perrault (Caperucita Roja, Ceniciente, Pulgarcito).

La estructura del cuento tradicional es la clásica en tres actos: introducción, nudo, desenlace. Sus personajes pueden ser animales que por lo general piensan y hablan, criaturas legendarias o mágicas, o seres humanos. La historia, después de una corta introducción, siempre presenta un conflicto o un desafío que resolver, en el que participaran los personajes y concluirá por lo general de una forma feliz.

Cuentos de ayer

La función ejemplarizante de los cuentos

La primera función de los cuentos infantiles era, sin duda, divertir y entretener a los pequeños pero no se limitaba al aspecto lúdico. Más allá del rato agradable que podían proporcionar a los niños, tenían un gran valor porque servían de ejemplo. Hablaban de los peligros, de que nuestros actos tienen consecuencias, del bien del mal, del valor de la verdad y del peligro de las mentiras, de la amistad, etc.

Transmitían valores

A través de personajes carismáticos, lograban transmitir valores importantes como la bondad, la generosidad, la compasión, la solidaridad, el amor, la responsabilidad, etc. a la vez que avisaban de los posibles peligros de no practicarlos.

Estimulaban la imaginación

A través de las historias que contaban, lograban estimular la imaginación de los pequeños y abrían para ellos, las puertas de un mundo infinito de fantasía.

Ayudaban a identificar emociones

Los personajes vivían aventuras y se enfrentaban a situaciones, experimentando diversas emociones que el niño aprendía a identificar: miedo, envidia, rencor, tristeza, soledad. El cuento mostraba cómo los protagonistas lograban manejarlas según las circunstancias en las que se encontraban.

Preparaban al niño

Los cuentos explicaban lo que ocurría en el mundo, hablaba de sus peligros, sus buenas sorpresas y de las relaciones entre personas. En este aspecto, constituían una preparación para lo que vendría después.

Cuentos de hoy

Si bien existen cuentos muy interesantes y que cumplen las funciones descritas en el apartado anterior, asistimos actualmente a una producción de cuentos que, con el fin de no herir la sensibilidad de los pequeños, dibujan un mundo irreal, edulcorado que, en mi opinión pervierte la función original del cuento. Está de moda mostrar unas historias educativas desprovistas de cualquier elemento que puedar chocar a los niños, y todo se pinta desde una falsa visión optimista y saludable.

En muchos cuentos de hoy, los lobos son veganos, los monstruos no inspiran terror sino que suelen ser miedosos y Caperucita invita el lobo a merendar con ella. Estas narraciones distan mucho de tener valor, más allá de la función lúdica, pues presentan historias edulcoradas que no preparan al niño para la realidad.

Antiguamente, los cuentos se utilizaban para, no solo entretener a los niños, sino también contarles cosas útiles, hablarles de la prudencia, de no hablar con desconocidos, de la importancia del trabajo y del esfuerzo, etc. Los cuentos de hoy, con el fin de ser politicamente correctos y no traumatizar a nuestros hijos, nos muestran un mundo donde todo el mundo es bueno hasta ser empalagoso, lo que en mi opinión equivale a hacerles creer en un universo ideal ficticio que dista mucho de la realidad.

¿Qué ocurre si sobreprotegemos a los niños?

Si criamos a nuestros hijos en burbujas donde se describe un mundo irreal donde reina el buenismo, no los estamos preparando para crecer, sino que les presentamos una realidad falsa, sesgada, que nada tiene que ver con lo que encontrarán. Y lo peor: nos les dotamos de herramientas para aprender, analizar, criticar, nos les ayudamos a desarrollar recursos para integrarse en el mundo real que los espera.

¿Los cuentos de antes utilizaban el miedo como instrumento de control?

En cierto modo, sí. Querían, a través de narraciones inquietantes, advertir y alertar a los pequeños sobre los peligros. No te vayas sola al bosque, que puedes encontrarte un lobo que te engañará y te comerá.

Creo que las cosas no han cambiado mucho desde entonces, todos queremos proteger a nuestros hijos de encuentros desagradables y peligrosos, intentamos controlar sus redes, su móvil, sus amistades. Pero no creo que el inventar un mundo exento de peligros y amenazas sea una solución, ni que les prepare para la vida real.

¿Cómo usar con acierto los cuentos?

No olvidemos que los cuentos constituyen una herramienta muy poderosa. Con su lectura, harán frente a sus miedos, a los peligros reales o imaginarios: la oscuridad, los monstruos, el fracaso, el miedo a crecer…

Se pueden identificar a los personajes que se enfrentan a los retos, no se sienten tan aislados con sus problemas, aprenden a través de sus acciones a normalizar sus temores y usar sus recursos. De hecho, cuando el niño pasa miedo en un cuento, se enfrenta a él en un entorno seguro, acompañado de sus familiares y de alguna manera se expone al peligro y se vacuna contra el miedo, preparándose con esta pequeña dosis de temor experimentada en situaciones ficticias a afrontar otras reales más adelante.

Conclusión

Entre los cuentos de ayer y los de hoy, escojamos los que transmitan valores de compañerismo, empatía y resiliencia, pero también los que proporcionen información y mensajes útiles que permitan a los niños hacer frente a sus temores reales o imaginarios, a desarrollar su imaginación y experimentar situaciones arriesgadas en entornos seguros. Tengamos confianza en ellos, no queramos mantenerlos en burbujas libres de peligros, donde nada ni nadie pueda herir su sensibilidad. Sería privarlos de desarrollar sus propios recursos, no dejarlos crecer.

No nos engañemos, el mundo no es un lugar ideal, amable y seguro donde las cosas salen siempre bien y no existen los peligros. Está lleno de lobos deseando llevarse a niñas inocentes, y no precisamente para robarles su merienda.

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