Mano dibujando sobre un cuaderno un paisaje maravilloso y fantástico: el cuento de nuestra vida
¿Te gusta escribir?,  Desarrollo Personal

El cuento de nuestra vida

La estructura de todas las narraciones, según Aristóteles, ha respondido siempre al clásico modelo de los tres actos: planteamiento, nudo y desenlace. El cuento no escapa a esta regla, y creo que la vida tampoco.
¿Has oído alguna vez la frase que dice que la vida es un cuento? A primera vista  parece no tener mucho sentido, pero si te paras a analizar, empezarás a encontrárselo.

Una historia en tres actos

Planteamiento

En el inicio del cuento, se plantea la trama, en lugar y tiempo,  se presentan y se describen los personajes, dando detalles de su físico, de su carácter y de sus particularidades; en esta fase se contextualiza la historia. 

Lo mismo ocurre al principio de nuestra vida. Nacemos en un lugar y en un ambiente específico, con  un nivel social y cultural determinado y empezamos nuestra historia con este bagaje, que se nos entrega como equipaje para nuestra aventura.
Durante esta fase, este «planteamiento» o  «introducción», crecemos, nos preparamos para el futuro, aprendemos y empezamos a desarrollar sueños, metas y anhelos. Deseamos hacernos mayores para empezar a volar con nuestras propias alas y emprender nuestro viaje.

En el cuento, ocurre algo similar. Una vez la introducción está planteada, la situación normal de la historia llega a un punto de tensión. Ocurre algo, que hace que nos movamos y pasemos a la acción.

Nudo

Llegamos al nudo del cuento, al desarrollo de la historia en si. El protagonista encuentra obstáculos, antagonistas, dificultades que intenta resolver por el camino, o simplemente intenta conseguir lo que se ha propuesto al principio. El nudo es sin duda,  la parte más extensa del cuento.

El joven que inicia su vida, que ya ha aprendido lo suficiente para lanzarse a la aventura, va a encontrarse con toda clase de acontecimientos, sorpresas, problemas que deberá solucionar. Se agarrará a sus sueños, metas y objetivos y avanzará contra viento y marea, sin apartar los ojos de su meta: fundar una familia, tener un buen trabajo, hacerse rico o famoso, prosperar, etc.
Dedicará la mayor parte de su vida a conseguir el resultado deseado, sin tener la seguridad de conseguirlo.

Desenlace

El desenlace, sea cual sea, llega pronto, casi sin que lo esperemos, y cuando ocurre, la historia ha terminado. Hay que recordar que los cuentos son relatos cortos.

La similitud continúa en la vida. Después de pasar años luchando, trabajando y  batallando, llega la vejez y su desenlace, que suele coincidir con el final de nuestra historia. 

¿En qué nos interesa esta metáfora?

Primero, nos sirve para reflexionar sobre las tres grandes fases de nuestra existencia, juventud, madurez y vejez, y darnos cuenta de que todas son breves, de que a pesar de que la edad madura dure más, la empleamos para luchar y trabajar para conseguir algo en un futuro incierto y que la vejez nos suele sorprender con la sensación de que todo ha pasado muy de prisa.

Urgencia de vivir

También nos recuerda que está bien tener metas, objetivos, que nos motivan y nos impulsan a avanzar, pero no por ello debemos olvidar el hecho que mientras caminamos hacia ellos, se nos escapa la vida. Es urgente vivir y necesario hacerlo en el presente, aprovechando el tiempo que es nuestro bien más preciado.

Protagonista y autor

Y por último nos recuerda que, a pesar de que no escogemos el inicio de nuestro cuento, nuestro físico, nuestra familia, país o nivel social, ni nuestro equipaje, sí podemos decidir qué hacer con lo que se nos ha dado y cómo usar las herramientas que hemos recibido.
En este aspecto, no solo somos el protagonista de nuestra historia, sino también el autor. La historia de nuestra vida la escribimos nosotros, y también, nos la contamos.


La historia que te cuentas

Nuestra historia nos la cuentan desde que somos pequeños, con las etiquetas que nos ponen que, de acuerdo con el efecto pigmalión,  se transforman a veces en profecías auto cumplidas. Muchos hemos tenido que cargar con miedos, creencias limitantes ajenas que sentencian nuestro futuro. Pero a veces, somos nosotros mismos los que nos contamos historias sobre nosotros, a menudo negativas, llenas de dudas,  miedos y falta de autoestima.

Conclusión

Para que nuestra vida sea plena y feliz, es importante no dejar que otros escriban nuestra historia, sino hacerlo nosotros, en consciencia, y contarnos una historia de felicidad, de crecimiento y de éxito, enfocando los desafíos con optimismo y afán de resolver los problemas.  
Aunque la vida pueda parecer eterna, pasa en un suspiro y no es una novela larga sino más bien un cuento. Hagamos  que sea «feelgood», escribámoslo con un lenguaje positivo, escojamos rodearnos de personas amables y empáticas, tener relaciones sanas y positivas, y no olvidar reírnos a menudo. Procuremos escribir un final feliz y satisfactorio, de estos que te dejan con una sonrisa en los labios.


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