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Lector de sensibilidad: ¿precaución o censura?

Hoy vengo a hablarte de una figura que genera bastante polémica, y es la del Lector de sensibilidad. Podemos y debemos preguntarso sobre su existencia: ¿es precaución o censura?

A la hora de editar y publicar un libro, el autor sabe que se tiene que enfrenter a muchos filtros, muchas etapas que garantizan la calidad del libro que finalmente saldrá a la luz. La idea es que el producto final roce la perfección.

Las etapas previas a la publicación son largas y muchas veces tediosas: la obra pasa por varios lectores beta, corrección, maquetación, ilustración, etc. Esto era así hasta ahora, pero se ha añadido a la lista otro etapa, otra dificultad, un filtro adicional: se trata de la «necesidad» de contratar un sensitivity reader, o lector de sensibilidad.

Lector de sensibilidad: ¿qué es exactamente?

Se trata de un lector beta o un lector cero más, que se encarga, por petición del autor o de la editorial, de revisar manuscritos antes de su publicación, en busca de estigmatizaciones, clichés o estereotipos considerados dañinos o ofensivos, sesgos, lenguaje inadecuado, problemas relativos a la representación de minorías, faltas de precisión en temas culturales, etc. La lista es casi interminable.

En una palabra, revisan, incluso buscan cualquier cosa que puede ser considerada ofensiva para determinadas minorías, o transgredir lo que se considera politicamente correcto.

¿Una novedad?

Pues no son tan novedosos como podría parecer. En Reino Unido y en Estados Unidos, la figura del lector de sensibilidad lleva años presente, como parte de la industria editorial, especialmente en la literatura dirigida a los más pequeños.

Los movimientos de las redes contra el racismo (#Black Lives Matter), contra el acoso y la violencia sexual (#MeToo) han dado más relevancia a esta figura.

Se busca Sensitive reader

La inclusividad es una tendencia y un valor al alza en la sociedad en general y en el mundo editorial en particular y como no, también lo es en el cine. Las series y las películas cada vez más, buscan incluir personajes representantes de minorías, y por lo tanto, recurren a lectores de sensibilidad para no encontrarse con críticas o toparse con el boicot de las redes.

Existe en Estados Unidos una base de datos donde estos Sensivity Readers, ofrecen sus servicios.

Justine Ireland es la creadora de Writing in the Margins. La escritora decidió dar este paso tras caer en la dificultad de muchos de sus colegas en encontrar personas de determinados colectivos minoritarios; lo consideran necesario para contar con su opinión cuando se trata de temas que les conciernen. 

Es muy llamativo observar como estos lectores de sensibilidad ofrecen sus servicios por «especialidades» y en función de su origen, creencia religiosa o experiencia personal.

Así pues, se anuncian como «hijo de inmigrantes», «Bisexuales», «Autistas», «personas trans», expertos en la cultura de tal o cual país, «portadora de velo islámico»

Finalidad del sensitive reader

Los que ven con buenos ojos su presencia en el mercado editorial afirman que, supuestamente, su profesión garantiza una mejor representación de minorías o determinados colectivos raciales o culturales, y por lo tanto la calidad del libro.

Policías, vigilantes literarios y nuevos censores

Así los llaman sus detractores. Hay que admitir que la figura y el trabajo de los sensitivity readers no están exentos de polémica; es más dividen el mundo editorial en un debate muy acalorado.

Pros

Muchos aseguran que contar con una revisión del manuscrito hecha por un sensitive reader le proporciona calidad, autenticidad, a la vez que lo despoja de cualquier contenido ofensivo o poco acertado sobre minorías, colectivos raciales o culturales, etc.

Consideran el auge de su presencia como una evolución favorable de la sociedad actual. Acusan a los que no aprueban este control de sentirse amenazados y de no comprender su función, alegando que ellos solo sugieren, no obligan.

Contras

En primer lugar, se cuestiona la voluntad del mundo editorial de ser politicamente correcto, de querer recortar la libertad de los autores, aplicando censura a su trabajo.

Los detractores de los sensitive readers» alegan que no debería controlarse el pensamiento del autor, ni sus personajes en función de lo que se considera politicamente correcto. De caer en esta tendencia, tendremos historias todas cortadas por el mismo patrón, edulcoradas, que no abordan temas espinosos por no ofender a nadie, y dibujando un mundo irreal, donde historias, personajes y hasta el lenguaje es aséptico. Se acabaría entonces la creatividad de los escritores.

Otro tema a considerar es el hecho de que un lector de sensibilidad, por mucho que pertenezca a un determinado colectivo, no representa este colectivo. Un francés no representa a todos los franceses, un afroamericano tampoco puede hablar en nombre de su grupo cultural, y así se puede aplicar a todas las minorías. Por lo tanto, si una sola persona no es suficiente, ¿qué debemos hacer? ¿Contratar más de una? ¿Cuántas? ¿2, 3, 10, 25, cuántas personas pueden considerarse representativas de su minoría o colectivo?

En mi opinión, la opinión o criterio de un solo lector es subjetiva, sesgada por la propia personalidad del individuo, su experiencia o historia, si es activista o no, etc.

¿Es lícito reeditar y corregir libros conocidos con estos nuevos criterios?

Esto equivale a preguntarse si es válido reescribir la historia, en función de los criterios actuales de determinadas editoriales, redes, o corrientes de pensamiento, pero sobre todo en función de lo que es o se considera politicamente correcto hoy. Debemos preguntarnos si negar lo que ocurrió en el pasado, lo que era nuestra sociedad, si borrar las huellas de lo que fuimos está justificado, con tal de ofrecer hoy una visión tan perfecta como falsa de un mundo ideal. El debate está servido.

Casos concretos

Roald Dahl

En la nueva edición de la obra de este autor que incluye «Charlie y la fábrica de chocolate», se ha procedido a eliminar contenido «ofensivo», y esta decisión ha generado un gran debate. En efeto, se han modificado o incluso suprimido referencias al genero, apariencia o peso de los personajes, según los editores para actualizarse y «adecuarse» al público actual.

Agatha Christie

Por iniciativa del bisnieto de la escritora, se ha modificado el título del famosísimo «Diez negritos» que pasa a llamarse ahora: Ils étaient 10 (Eran 10en francés y, en España, la nueva versión se titula Y no quedó ninguno

Pero esta reescritura no afecta solo al título, sino también al contenido. Así, para solo citar un ejemplo, la isla del Negro se convierte, en la edición estadounidense, en la isla del Soldado.

La editorial ha decidido eliminar y modificar también referencias étnicas y descripciones físicas de las novelas del inspector Poirot y Miss Marple. Ya no se podrán utilizar términos como: Oriental, negrata ni comparar el torso de una mujer negra con el mármol negro. Todos estos términos, considerados hoy ofensivos, han de eliminarse.

Ian Fleming

Se están preparando ediciones nuevas de las obras de Ian Fleming, para que las aventuras de James Bond no ofendan las sensibilidades de los lectores actuales y así lo justifica la editorial:

«Este libro fue escrito en un momento en que los términos y actitudes que los lectores modernos podrían considerar ofensivos eran comunes. Se han realizado una serie de actualizaciones en esta edición, manteniéndose lo más fiel posible al texto original y al período en el que se desarrolla»

Lionel Shriver

Esta escritora estadounidense y autora de la novela «Tenemos que hablar de Kevin» critica con dureza a los lectores de sensibilidad, a quienes acusa de ser «policías de la sensibilidad». Según ella:

«La ansiedad constante ante la idea de herir los sentimientos de otras personas inhibe la espontaneidad y lastra la creatividadd literaria» fustigó en el diario británico The Guardian en 2017.

Francia siempre ha sido un país amante de su libertad y reacio a las censuras y a revisiones de textos; el ensayista Raphael Enthoven denunció en 2020 a estos «censores modernos» como «la vanguardia de la plaga de la identidad».

Y en la misma línea de razonamiento, no podemos evitar dedicar un pensamiento a la obra, por cierto bastante inquietante de Georges Orwell, « 1984 »,  donde describe la policía del pensamiento, cuya misión es eliminar todos los pensamientos inadecuados, publicos, privados, y por supuesto lo más íntimos.  

Cultura Woke

Desde los movimientos inspirados en la cultura Woke, #Black lives matter, #MeToo, existen palabras y expresiones que no están bien vistas, o que conviene evitar, para no ofender las sensibilidades de cualquier clase.

Según esta tendencia, es aconsejable evitar las nociones de «raza», hablar del color de piel, de la apariencia física, de preferencias sexuales, de etnias, de preferencias religiosas, etc. En otras palabras estos temas y muchísimos otros pueden ser considerados ofensivos y discriminatorios.

Mi opinión

Es curioso observar cómo en una sociedad que se autodenomina progresista y avanzada, cada vez más aparecen más limitaciones, prohibiciones, señalamientos públicos, censura y control, no solo de lo que se dice y se escribe, sino de lo que se piensa.

Si uno no es politicamente correcto, va a tener que enfrentarse a la presión del grupo social. que no solo lo criticará sino que le acosará, le hará el vacío, lo boicoteará.

En el caso de los escritores, es muy triste constatar que pronto, no se tendrá la libertar de crear, de escribir, de elegir y dibujar nuestras historias. No es una locura pensar que al ritmo que van las cosas, pronto se irán imponiendo criterios como que en las novelas tienen que haber más heroinas que héroes, tienen que aparecer cierta cantidad de personajes de minorías culturales o sexuales, que tienen que verse representados tal o cual colectivo; y no, según ellos no te obligarán ni te prohibirán nada directamente, pero olvídate de publicar si no eres politicamente correcto, porque te dejarán fuera.

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