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¿Te gusta escribir?,  Literatura juvenil

Los clichés en la literatura juvenil: evitarlos o darles la vuelta

Cliché

Los clichés en la literatura juvenil: evitarlos o darles la vuelta, esta es la cuestión y también el tema del artículo de hoy. Cliché es una palabra derivada del francés, que originalmente se refería al negativo de una fotografía. También define una situación, un tema, una caracterización, toda aquello que se ha utilizado mucho, hasta el punto de convertirse en un estereotipo.

El cliché es pues, la repetición generalizada de un recurso, hasta el punto que ya no resulta novedosa y que no tiene ningún tipo de impacto. Por lo general se refiere a repeticiones innecesarias o sin razón de ser. El cliché, muchos antes que tú lo han usado, y en términos generales, es un recurso del cuál se ha abusado.

Estereotipo y arquetipo

Vamos desde un principio a hacer una distincción entre cliché, o sea estereotipo, y arquetipo. El arquetipo es una imagen o un patrón que se ha convertido en un modelo universal. Los arquetipos están presentes en la mitología, la literatura y el arte en general. Los arquetipos son, según la RAE, imágenes o esquemas congénitos con valor simbólico que forman parte del inconsciente colectivo y también Tipo soberano y eterno que sirve de ejemplar y modelo al entendimiento y a la voluntad humana.

Diferencias entre cliché y arquetipo

La diferencia, más alla de la definición de las dos palabras, reside en su utilidad. El estereotipo es algo que se utiliza sin motivo, o con el solo motivo de que es conocido y corriente. Es una imagen conocida pero hueca, no evoca nada, no tiene más utilidad. El arquetipo es un modelo, una imagen que habla a nuestro inconsciente, que sirve de símbolo y facilita el entendimiento.

Los clichés en la literatura

Los clichés abundan, en la sociedad, en el cine, en la literatura en general y en la novela juvenil en particular. Todos hemos caído en la tentación de usarlos, incluso muchos hemos cometido en algún momento el error de abusar de ellos, porque parecen evidentes y son asociaciones de ideas fáciles. Que tire la primera piedra el que nunca ha pecado y ha utilizado este recurso. Sin embargo, no es un recurso recomendable. No porque sea malo en sí, sino porque resta valor y calidad a lo que escribes.

¿Por qué debemos evitar los clichés?

Usar los clichés puede parecerte un recurso fácil en un principio, pero creeme, lamentarás haberlo hecho. ¿Por qué? No porque sean malos en sí, aunque personalmente opino que carecen de interés, sino porque hacen que la novela sea predecible o poco original. El problema que conllevan es que si los usas, se notará desde el primer momento. El lector tendrá la sensación de que se va a aburrir, que no vas a contarle nada nuevo, que tu novela o relato va a ser más de lo mismo, y probablemente cerrará el libro, no seguirá leyendo. Como todos sabemos, es difícil por no decir imposible innovar, ser original y inventar algo. Aunque creemos que somos creadores geniales, hay que rendirse a la evidencia de que todo está inventado.

¿Cómo los evitamos?

¿Qué podemos hacer entonces si todo está inventado, si todo se ha escrito, ¿cómo podemos evitar los clichés? Creo que el truco no está en evitarlos a toda costa, sino en saber manejarlos y jugar con ellos. Es decir, aprender a darles la vuelta. ¿De qué forma? Retorciéndolos, partiendo de la idea base y cambiando el resultado final. Al final, es una forma de reciclar ideas. Partiendo de un concepto usado hasta la saciedad, podrás hacer algo nuevo, visto desde un ángulo diferente, y sorprender al lector.

Los clichés más corrientes

Vamos a hacer un breve repaso a los clichés más corrientes, no a todos, porque podríamos extendernos demasiado, pero vamos a nombrar unos cuantos, que seguro te sonarán. Tomando conciencia de lo evidentes que son, reconociéndolos, puede ayudarte a crear mejores historias y más creíbles.

Hay que admitir que en la novela juvenil, y especialmente la novela fantástica, los clichés abundan y se repiten, incluso en obras de gran éxito como Harry Potter. Es cierto también, que lo importante es que la historia enganche, que sea buena, que no puedas parar de leerla. Si es así, apenas te darás cuenta de los clichés, y si los ves, los perdonarás. Ahora bien, es importante evitar caer en los más recurrentes o, si lo tienes que hacer, intentar darles otro aire. La idea es procurar darle la vuelta y retorcerlo, para que el lector se sorprenda. 

Diferentes tipos de clichés

Los clichés pueden aparecen en las tramas de las novela, en los argumentos, los conceptos y los personajes. Y parecen repetirse desde siempre y para siempre.

1.- El huérfano

Vamos a por el primero: el huérfano.

Muchos, muchísimos de los protagonistas de las novelas juveniles son huérfanos, o provienen de familias disfuncionales, con padres irresponsables, enfermos o ausentes.

Todos pensamos en seguida a Oliver Twist de Charles Dickens pero hay muchos otros candidatos como Harry Potter, de J.K. Rowlings.

¿Por qué se repite el protagonista huérfano?

Tiene una explicación lógica. No es fácil poner nuestro héroe a viajar, adentrarse en mundos imaginarios, luchar contra criaturas fantásticas, o irse a la aventura, con unos padres en medio, con una familia que estorba. Los padres, en cualquier situación de estas, frenarían las decisiones o serían un impedimento, en una palabra, representarían un problema adicional. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Los quitamos de en medio? ¿Los matamos? o ¿los mandamos de viaje?

Pues hay que buscar soluciones creativas, pero por favor, evitar coger el atajo de que el protagonista siempre sea huérfano, de una familia disfuncional, o que los padres se hayan ido para meses al extranjero, descuidando a su hijo, porque no cuela. Tampoco vale matarlos en el primer capítulo. Podemos, pero no deberíamos hacerlo. Aunque parezca una barbaridad, muchas novelas juveniles muy conocidas han escogido este recurso.

Ya que somos escritores, busquemos la forma, de imaginar el mismo resultado, o sea que los padres y la familia no estorbe, sin recurrir a estos clichés.

2.- El elegido

El elegido, vuelve en una y otra novela sin pudor. Es la eterna historia del chico que tiene un destino y lo ignora, del inocente al que, de pronto, le cae encima una enorme responsabilidad: la de salvar el mundo, recuperar un objeto sagrado, evitar una guerra o encontrar un tesoro. Todo para un bien mayor, todo en contra de su voluntad. Porque en un primer momento, el héroe suele rechazar la llamada.

Harry Potter, de J.K. Rowlings, cumple con este perfil, pero también, curiosamente, encaja con el cliché anterior del huérfano. El elegido es aquel que, desde el momento en que sabe que es el elegido, se transforma y actua como un superhéroe, como si tuviera un gen especial, y hubiera nacido para ello.

Imaginemos algo diferente: un elegido que resulte ser un error, o un tramposo, un patoso que no sabe desenvolverse y hace fracasar su misión. O, simplemente, que rechace la misión, dando opción a otro de desempeñar este papel… Busquemos soluciones originales.

3.-La mujer guerrera

Hemos pasado de ver a mujeres florero, viviendo por y para el protagonista, derritiéndose por el, disfrutando de ser bellas, esperar el amor y no tener más función que esta, a ver mujeres guerreras. Protagonistas que siempre tienen razón y lo hacen todo mejor, que nunca se equivocan ni se rinden, que son capaces de ser frías y calculadoras si la ocasión lo requiere. Mujeres musculosas y también terriblemente femeninas.

Mujeres duras por fuera y blanditas por dentro, mezcla poco creíble. Mujeres maduras con corazones de niña, pero que no soportan que les trate como tal. Que pueden matar friamente, y ponerse a llorar por nimiedades. Vamos a ver, esto tampoco es creíble. Una mujer no tiene que ser invencible y totalmente insoportable para parecer fuerte. Tenemos que huir del personaje femenino edulcorado y totalmente dependiente del masculino, en esto estamos de acuerdo, pero nos interesa crear personajes que podrían pasar lo que muchos llaman la prueba del capuccino. ¿En qué consiste? Pues en averiguar si dan la talla en las distancias cortas, si te imaginas tomando un café con ellos, si tienen vida propia o son personajes de cartón piedra.

4.-El amigo inseparable.

Nos referimos al amigo inseparable, espejo, cuya existencia solo sirve para engrandecer al protagonista, patoso, o enamorado de la heroína, y también, muchas veces gigante.

Ya lo sé, tal vez me estoy pasando un poco. Pero abundan los personajes, que dan la réplica al protagonista, que ensalzan sus virtudes y fortalezas, amigos por lo general gigantes o torpes, que no tienen más funcción que la de hacer reír, de estar enamorados de la protagonista sin ninguna esperanza y que son capaces de dar su vida por ella. Creo que los protagonistas deben tener su propia luz, no brillar a través de los ojos de otro, opino también que un personaje segundario puede ser realmente maravilloso, pero no por su función de dar la réplica al principal, sino por lo que realmente aporta a la historia.

5,-El malo irresistible

Este no se puede aguantar. Es el típico malote que tiene locas a las jovencitas, es malo, guapísimo, misterioso, a la vez que solitario. Se le perdona todo por su cara bonita o su cuerpo escultural, ah, y me olvidaba lo más importante, por su pasado trágico. Parece que un tipo desagradable de estas características sea irresistible, o que las protagonistas de sexo femenino sean masoquistas, pues aceptan que las trate fatal, con la justificación de una infancia difícil o un pasado traumático. ¿Por qué será que las buenos chicos no parecen atractivos, ni tienen éxito?

Clichés en la trama

Todo empieza con un sueño o una visión

Es habitual que los sueños aparezcan como cliché en novela juvenil: respuestas en sueños, todo era un sueño, pesadillas reveladoras, contactos a través de un sueño, la historia empieza con un sueño… Intenta ser original. Si vas a introducir el elemento sueño, hazlo sin parecerte a nada ni a nadie, cosa realmente difícil, o evítalo. No  empieces una novela con un sueño, y peor aún no la termines concluyendo que todo ha sido un sueño. Porque el lector se sentirá, y con razón, estafado.

Poderes sin descubrir

O lo que es lo mismo, un chico normal sin aptitudes especiales ni talento que se le conozca que se ve empujado al protagonismo y de pronto descubre que tiene poderes que ignoraba. ¡Qué oportuno! y qué poco original. También existe, y no sé si es peor, el chico que de pronto es especialista en todo. Artes marciales, deporte, orientación, lógica, todo lo lleva en la sangre y encima siempre gana. El principiante o novato, debe aprender, lo que significa que debe fallar, caerse y levantarse. No nace enseñado. Este aprendizaje lo hará más real, más creíble y provocará más empatía en nosotros. Se tratá de compartir con el lector la evolución del personaje para hacerlo más entrañable.

Instalove o triángulo amoroso

¿Qué sentido tiene saber desde el minuto uno de una novela que el chico y la chica de la primera escena se van a enamorar de forma instantánea y acabar juntos al final? ¿Qué gracia tiene lo evidente y previsible? Ninguna. En caso de haber un triángulo amoroso, es exactamente lo mismo, solo que nos preguntaremos con cual de los dos acabará el o la protagonista, pero el suspense será mínimo. Historia vieja como el mundo, pero previsible.

La falsa sorpresa

Cuando todo se ve venir. Cuando una chica pobre resulta ser la heredera de un trono, cuando el héroe descubre que tiene superpoderes, en fin, el timo de la falsa sorpresa, la que se ve venir a kilometros y no sorprende a nadie. A evitar a toda costa.

Deus ex maquina

En el teatro griego y romano, se solía introducir una deidad a escena para resolver una situación complicada. Era el «dios surgido de la máquina». Parece ridículo. Pero el recurso se utiliza con consecuencias desastrosas en la literatura. Cuando un elemento externo, milagroso, llega para resolver una trama que el escritor no ha sabido desarrollar. El azar no debe tener un papel fundamental en la novela, sino el lector se sentirá engañado, no existen los milagros, y si recurres a ellos no te lo perdonarán.

Conceptos

La rebelión de los jovenes

Dentro de los conceptos que siempre vuelven en la literatura juvenil, es la idea de que los jóvenes se alian y se unen para derrocar el mal. Los jóvenes toman el poder. Parece que esta formula no se agota. Y es que parece una asociación natural la de juventud y rebeldía, pero tal vez podríamos ir más allá y explorar el tema de la rebelión traspasando estas fronteras, y con la idea de que no tiene edad.

El bien y el mal

La lucha eterna del bien del mal, teniendo en cuenta que el bien es hermoso, blanco, luminoso y trae la felicidad, cuando el mal es negro, feo, oscuro y trae desdicha.

¿Porque la belleza implica bondad? ¿Por qué una persona malvada y diabólica no puede ser increíblemente hermosa? ¿Por qué los malos tienen que ser feos, de uñas largas horrendas y olores pestilentes, y la bondad se refleja solo y siempre en un físico maravilloso?

Escribamos historias en que todo no sea tan obvio, tan previsible, escondamos algunas sorpresas y juguemos al despiste. ¿No encontráis terriblemente aburrido saberlo todo de antemano?

Los amigos: una nueva familia

Los amigos una nueva familia, otro cliche más. Muy amenudo, los autores juveniles se cargan a la familia de los protagonistas, sustituyendola parar la conveniencia del relato por los amigos, que pasan a formar una nueva familia, fuerte, unida y también invencible.

El bien siempre gana

Una idea muy trillada. No sé vosotros, pero no puedo dejar de preguntarme ¿de dónde viene? Miremos a nuestro alrededor, y observemos las contadas ocasiones en las que el bien triunfa sobre el mal, la salud sobre la enfermedad, la justicia sobre el poder, y podría seguir así… Vale, que es literatura juvenil, nos tiene que dejar un buen sabor de boca, si es feelgood, mucho mejor, pero no hagamos las cosas tan simples, tan evidentes. A los lectores, les gusta ver a los protagonistas luchar, superar pruebas, y enfrentarse a dificultades. Dejemos margen para la duda, el suspense y enganchemos al lector. Querrá seguir leyendo si realmente le interesa y no sabe cómo acabará la historia. No le estropeemos este placer.

Un toque de realidad

¿Por qué aburren los clichés? ¿Por qué hace mucho que no convencen? Porque no son reales, no reflejan nuestra vida, nuestros sentimientos, nuestros problemas. Y si hablamos de literatura juvenil, se hace más evidente. Vale que necesitamos soñar, y los jovenes más aún. Pero no los tomemos por tontos. Sus héroes no pueden ser de cartón piedra. Tienen que parecerse a ellos, despertar empatía, por sus defectos, su capacidad de rectificar, de aprender, de crecer. Tienen que hacerse más grandes con las experiencias y los obstaculos, igual que lo hacemos las personas en nuestra vidad.

Fantasía, sí, siempre, pero por favor, no rompamos el pacto ficcional. El lector sabe que lo que le cuentas no es real, pero finge y acepta creerlo. No lo defraudes, dale motivas para creer, para seguir leyendo, para disfrutar con lo que escribes. Dale a tu prosa, un toque de realidad.

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