Literatura infantil y juvenil: la importancia del mensaje
Existe una creencia errónea según la cual es más fácil y más sencillo escribir para los lectores más jóvenes. Quiero desmentirla de inmediato. La literatura infantil o juvenil no es un género menor, al contrario. Los más jóvenes representan un público difícil de conquistar, porque son exigentes y no se dejan engañar. Tiene que seducirles mucho un libro para que lo lean hasta el final. Sin embargo, debido a su corta edad, son lectores más vulnerables que otros, hay que respetar ciertos límites y cuidar mucho lo que vas a transmitir, porque estás sembrando en un terreno fértil en el que las semillas pueden germinar con facilidad. Por eso quiero hablar hoy de la importancia del mensaje en la literatura infantil y juvenil.
¿Qué es la literatura infantil y juvenil?
La literatura infantil engloba obras de creación específica para niños de 4 a 12 años y va desde la infancia a la preadolescencia con la función de educar y entretener a los niños.
La literatura juvenil se dirige a un público lector de 12 a 18 años y aborda temas que ayudan a los jóvenes a pasar por la transición hasta la edad adulta.
¿Qué las diferencia?
Lo que las diferencia en principio es el vocabulario adoptado, pensado para cada rango de edad, así como la complejidad y la longitud de los textos. También hay diferencia entre los temas abordados entre ambas categorías ya que están adaptados a la madurez y comprensión de cada lector.
¿Qué tienen en común?
En mi opinión, tienen en común el desarrollo de la comprensión lectora desde la más temprana edad, la mejora del lenguaje y de la expresión escrita, la ampliación del vocabulario a la vez que la adquisición de conocimientos.
Los libros constituyen un recurso magnífico en la etapa de formación de los pequeños y jóvenes, ya que estimulan su imaginación, les permite viajar, experimentar a través de los personajes y descubrir el mundo desde la seguridad de su entorno.
La literatura infantil
En esta edad temprana, leer ayuda a los niños en su proceso de desarrollo y socialización. En esta etapa se les ofrece libros con pocos textos, algunos dibujos y rimas, y en los que aparecen animales, objetos conocidos y escenas familiares al niño.
Los cuentos tradicionales les ayuden a desarrollar y entender sus sentimientos como la angustia, el sufrimiento y los miedos infantiles y les muestran cómo superarlos. Su primera función es, sin duda, divertir y entretener a los pequeños pero no se limita al aspecto lúdico.
Más allá del rato agradable que puedan proporcionar a los niños, tienen un gran valor por su función ejemplarizante. Hablan de los peligros, de que nuestros actos tienen consecuencias, del bien del mal, del valor de la verdad y del peligro de las mentiras, de la amistad, etc. Transmiten valores, ayudan a identificar emociones y preparan al niño para el futuro, ayudándoles a superar sus temores.
La literatura juvenil
Suele tener contenido relacionado con procesos asociados a su edad. Puede hablarnos de amistad, amor, acoso, soledad, dificultad de integración, etc. No contienen o no deberían contener escenas de violencia o sexo explícito y el vocabulario aunque es enérgico y audaz no puede ser vulgar u ofensivo. Suele rehuir de los tabúes sin caer en el adoctrinamiento que provocaría el rechazo de los adolescentes. Hay que olvidarse de moralinas y tratar el lector con respeto y cuidado.
La importancia del mensaje
La literatura es un instrumento que permite comunicar, transmitir ideas, y hacer pasar un mensaje. El adulto puede escoger el contenido de sus lecturas y sabe discriminar lo que le interesa o no, ya que se supone que ha su edad, ha desarrollado un espíritu crítico.
Pero en el caso de los niños y jóvenes que están aún en un proceso de construcción de su identidad, es fundamental preocuparnos del mensaje contenido en sus lecturas.
En la literatura infantil, los cuentos de hoy, con el fin de ser políticamente correctos y no traumatizar a nuestros hijos, suelen mostrar un mundo irreal donde todos son buenos hasta ser empalagosos, lo que en mi opinión equivale a hacerles creer en un universo ideal ficticio que dista mucho de la realidad.
En muchos cuentos de hoy, los lobos son veganos, los monstruos no inspiran terror sino que suelen ser miedosos y Caperucita invita el lobo a merendar con ella. Estas narraciones distan mucho de tener valor, más allá de la función lúdica, pues presentan historias edulcoradas que no preparan al niño para la realidad, ni le ayudan a superar sus miedos.
En cuanto a la literatura para jóvenes, es lícito escribir fantasía que permite liberar la imaginación, distopías que pueden fomentar la formación de un espíritu crítico, y casi cualquier cosa que puedas imaginar, incluyendo novelas épicas, historias de dragones y vampiros. siempre teniendo en cuenta que debemos fomentar valores positivos en los jóvenes. Por este motivo he publicado dos obras que considero útiles para concienciar sobre el acoso escolar, El triángulo del silencio y Siete días en Onyria
Transmitir valores
Es importante buscar obras que transmiten valores como la sinceridad, la amistad, la empatía y la compasión, la generosidad y la honestidad, tratando con delicadeza y respeto temas sensibles como la violencia, el acoso escolar, el suicidio, el alcohol y las drogas, la delincuencia.
El auge de la LIJ
Como lo decía al principio de este artículo, la literatura infantil y juvenil no es un género menor y se puede afirmar que está en auge. Según el informe sobre hábitos de Lectura y Compra de Libros en España de la Federación de Gremios de Editores:
casi un 76% de hogares con menores de 6 años se leen diariamente libros, preferentemente en formato papel, así se crea un hábito que se prolonga en el tiempo. El 83,7% de los niños de 6 a 9 años de edad lee libros de lectura voluntaria y no de texto u obligados por el centro escolar.
Sin embargo, los adolescentes son más propensos a leer en formato digital y cambian la literatura por páginas web y textos en redes sociales. En la franja de edad de 15 a 18 años el 91,8% de los menores lee contenidos en formatos digitales.
La responsabilidad de los autores
En una época en la que muchos creen que una imagen vale más que mil palabras, quiero reivindicar el tremendo poder de las palabras. En función de cómo se usan, pueden transformarse en herramientas de doble filo, capaces de herir la sensibilidad, dañar y manipular, pero también de agradecer, de transmitir amor y esperanza. Escribir y publicar libros debe conllevar una ética, una moralidad y el compromiso de transmitir un contenido adecuado y útil a los más jóvenes.
Conclusión
Nuestras palabras tienen el poder de crear y de destruir, de convencer, alabar o herir. Pueden informar o confundir, pueden movilizar masas y cambiar el mundo. Sí, las palabras que utilizamos son mucho más poderosas de lo que creemos. Nunca las usemos a la ligera, ni subestimemos su infinito poder.
Escribir no es un acto irrelevante, la literatura es una herramienta poderosa y valiosa que se puede transformar en arma. Ahí radica la responsabilidad de los autores de LIJ, en recordarlo y lograr transmitir a través de nuestras historias, elementos que puedan aportar valores a los jóvenes lectores.


