Mujer comiendo patatas fritas de una bolsa, analogía de los clichés, comida basura de la literatura
¿Te gusta escribir?,  Literatura juvenil

Clichés lingüísticos: la comida basura de la literatura

Clichés lingüísticos: la comida basura de la literatura

Los clichés son como la comida basura de la literatura. Sabemos que no son buenos pero recurrimos a ellos constantemente. Cuando hablamos de clichés lingüísticos, nos referimos a expresiones orales o escritas que se han repetido en exceso en nuestra lengua. Su principal problema radica radica en que, las palabras que componen dicha expresión, se utilizan por inercia, no tienen un contenido real, y carecen de un valor semántico. Recurrir a este tipo de clichés, usar estas muletillas, delata la ausencia de vocabulario y, peor aún, una gran falta de imaginación. Los clichés están presentes, en nuestra sociedad, en la televisión, la literatura y el cine, unos están a la vista, otros son como los Pokemon, tienes que seguir una pista para encontrarlos, pero se esconden en todos los rincones.

Clichés en los medios

No me gustan los informativos. Y cada vez me gustan menos. A parte del hecho de que siempre nos ofrecen, en el peor momento, (cuando estamos desayunando, comiendo o cenando), escenas catastrofistas, cataclismos o atentados, imágenes de miseria y muerte, opino que contribuyen a la desinformación, mostrándonos solo lo que les interesa que veamos, orientando y manipulando nuestra opinión.
Como podéis ver, me he levantada bastante inspirada hoy. Dicho esto, quería compartir con vosotros una reflexión que va en la línea de mi post sobre la lectura crítica. Cuando uno escribe, las palabras se convierten en  herramientas, pueden ser nuestras amigas, al servicio del mensaje que queremos transmitir o nuestras peores enemigas, si no las sabemos aprovechar.  Conocerlas, tener presente sus matices, forma parte del oficio de escribir. Nunca escoges las palabras al azar, y, al escuchar cualquier mensaje o discurso, lo analizas siempre. Llámalo costumbre o deformación profesional, pero esta reacción se vuelve habitual.
Asi que, en todo lo que nos ofrece la televisión, publicidad, informativos, programas de opinión, tenemos tendencia a analizar la retórica empleada y su forma de orientar o manipular la opinion.
En los informativos, desde hace tiempo, he observado que ilustran escenas de guerra y muerte con fondos de música de acción. Chocante ¿no os parece? Terremotos o masacres con banda sonora de rock…
Pero los mensajes asociados a las imágenes, las «noticias»  van en la misma dirección. Clichés, lugares comunes y estereotipos, que sin apenas darnos cuenta, empleamos a diario en nuestras conversaciones.

Frases hechas y refranes

No hablo de las frases hechas ni de los refranes que encierran un contenido y son elementos que pertenecen a la cultura popular y siempre se basan  en la observación. Hablo de los clichés linguisticos.
Estos tópicos suelen ser vacíos, penosos y bastante lamentables, porque los utilizamos como muletillas o comodines en nuestras comunicaciones.

¿Qué hay de malo en los clichés lingüísticos?

¿Qué hay de malo en ellos? Pues todo, porque empobrecen el lenguaje y el espíritu, impiden la comunicación verdadera, y amordazan nuestro espíritu crítico.
Ejemplos, hay decenas, por no decir cientos.  Ahí van algunos de los más corrientes, de los cuales se usa y abusa en la calle, en nuestras casas, y, lo más grave, en los medios de comunicación:

Una imagen vale más que mil palabras, grabado en la retina, grabado a fuego, no eres tú, soy yo, verdades como puños, pistoletazo de salida, generación perdida, gozar como un enano, hambre canina…

No continuo, pero podría, pues la lista es interminable. Incluso existen  diccionarios de clichés, uno de ellos creado por iniciativa de José A. García Avilés, profesor en la Facultad de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández de Elche (UMH) que ha reunido 3500 de estas perlas linguisticas.

Empobrecimiento del lenguaje

El vocabulario y el idioma  se ven sometidos a un empobrecimiento en forma de muletillas, comodines que se usan en exceso sin aportar nada, y que toman el lugar de la comunicación verdadera, tornándola vacía.
Bastante perjudicados anda ya nuestro vocabulario y nuestro idioma con la imposición del mal llamado lenguaje inclusivo, que Mario Vargas Llosa califica como:
«una desnaturalización y aberración al lenguaje» y que, además de no resolver el problema de la discriminación, «el lenguaje no se puede transformar por temas ideológicos»

Erradiquemos los clichés, hablemos con propiedad


Así que hablemos, pero hablemos con propiedad, con intención, con el fin de comunicarnos, pero de hacerlo de verdad. No sustituyamos los pensamientos por formulas express, estereotipos, que son para la literatura, lo que es la comida basura para la gastronomía.

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