Granjero chino trabajando en su campo
Resiliencia

Más allá del bien y del mal: una lección de perspectiva

Más allá del bien y del mal: una lección de perspectiva.
Puede que este título te suena a chino. Si es así, no andas desencaminado, porque un cuento chino ha sido la inspiración de la reflexión de esta semana. Se trata del cuento del granjero.
Muchos habreís oído hablar de esta historia, pero para los que no lo conocen os la voy a recordar. (El texto está extraída de Rincón de la Psicología)

El cuento del granjero chino

Un día, el hijo de un viejo granjero dejó, por descuido, la verja del establo abierta. El único caballo que tenían, escapó. Todos los vecinos vinieron a solidarizarse: “¡Qué mala suerte!”
Sin embargo, el anciano no se inmutó, solo dijo: “Puede ser, puede ser”.


Al día siguiente, el caballo volvió al establo y trajo consigo otros diez caballos salvajes que le siguieron desde las montañas. Ahora el granjero tenía once caballos y se había convertido en el hombre más rico del pueblo. Todos los vecinos fueron a visitarlo y le dijeron: “Parece que al final fue un golpe de suerte que el caballo se haya escapado”. 
El anciano solo les respondió: “Puede ser, puede ser”.

Al día siguiente, mientras su hijo estaba intentando domar a uno de los caballos, cayó y se rompió una pierna. Al acercarse el invierno, sin la ayuda del hijo en la granja, el anciano tendría que afrontar grandes problemas. Los vecinos le dijeron: “En el fondo, fue un error. Ahora tienes los caballos pero no tienes a tu hijo para que te ayude. Es algo terrible”. 
El padre, en vez de lamentarse, respondió: “Puede ser, puede ser”.
Al día siguiente, el ejército llegó al pueblo y recclutó a todos los jóvenes para luchar en una guerra suicida. Era posible que ninguno de ellos regresara a casa. Sin embargo, como el hijo del granjero tenía una pierna rota, no lo reclutaron y se quedó a salvo en el hogar.Una vez más, los vecinos le comentaron la buena suerte que había tenido. Nuevamente el granjero contestó: “Puede ser, puede ser”.

Dualidad: ¿el mundo es tan sencillo?


Este cuento, a pesar de su aparente sencillez, contiene lecciones interesantes. La primera enseñanza y tal vez la más valiosa, nos hace reflexionar sobre la dualidad. Tendemos a considerar las cosas como blancas o negras, buenas o malas, positivas o negativas, y los acontecimientos como muestra de buena o mala suerte. Pero nada es tan sencillo.

Buena o mala suerte: el tiempo lo dirá


Con la perspectiva que nos brinda el paso del tiempo, nos damos cuenta de que lo que llamamos buena suerte en un principio, puede traer consecuencias negativas. Un premio gordo de la lotería, que parece una bendición, a veces acaba con una amistad, una pareja  o el equilibrio emocional de una familia. La perdida de un trabajo puede causarnos en  un primer momento un gran impacto y resultar angustiosa, pero te puede obligar a buscar algo mejor y tal vez encontrarlo, mejorando tu vida, tu economía y tu bienestar.
Cada situación tiene facetas que no acertamos a percibir a primera vista. Una situación positiva puede esconder futuras complicaciones y un acontecimiento aparentemente adverso puede convertirse en  una gran oportunidad.

Observa con cautela

¿A dónde nos lleva esto? A la respuesta del granjero: Puede ser, puede ser

No podemos afirmar con certeza que algo es bueno o malo, por lo menos en un primer momento. Porque nos falta información, nos falta perspectiva. Por lo tanto, no nos conviene apresurarnos a la hora de juzgar una situación. El optimismo desmedido nos puede llevar a la precipitación, impidiéndonos apreciar riesgos e inconvenientes. La desesperación nos puede cegar  y hacernos imposible detectar oportunidades valiosas. Ambas actitudes extremas resultan contraproducentes.

No te apresures a juzgar


Si emulamos la actitud inteligente del granjero chino, intentaremos esperar, no apresurarnos, no sacar conclusiones precipitadas ya que siempre existen unos factores imprevisibles que escapan a nuestro control.   

No se trata de resignación, sino de aprender a observar, fluir en el sentido de la corriente, y no dejarnos llevar por los tsunamis emocionales que generan los imprevistos de nuestra vida. No es pasividad, sino serenidad. Siendo conscientes de que todo es pasajero, que no podemos tenerlo todo bajo control, podemos avanzar conservando cierta calma, incluso en días de tormenta.

El tiempo te regala una lección de perspectiva



Y lo mejor, aprenderemos a vivir mejor, a sufrir menos, y cuando echemos la vista atrás y contemplemos el pasado, comprenderemos que pocas veces las cosas son lo que parecen. Entenderemos que más allá del bien y del mal, los acontecimientos siempre encierran oportunidades y que esconden una gran lección de perspectiva que solo el tiempo te permitirá descubrir.

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