Hombre con sombrero de paja escribiendo, sentado en el suelo
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Síndromes comunes en los escritores

«Escribir es un don y una enfermedad. Me alegro de haberme contagiado». decía Charles Bukowski.

¿Significa eso que escribir es algo como una obsesión enfermiza? ¿Acaso los escritores están hecho de una pasta especial que les diferencia de los demás?

¿Por qué Bukowski se refiere al oficio de escribir como una enfermedad? ¿Existe una relación entre la locura y el arte?

¿Se puede asociar la locura al arte?

La locura se suele asociar comúnmente al arquetipo del artista excéntrico, y pasar por loco suele ser habitual en el curriculum de los artistas. Pero, fuera de los postureos y esnobismos asociados al arte, ¿se puede hablar de una patología mental común entre los escritores?

Jean Dubuffet, el creador del «art brut» (cuyo interés se dirigía especialmente hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos), insistió en disociar creatividad de enfermedad mental, «no todos los creativos son enfermos mentales, ni todos los enfermos mentales son creativos».

Sin embargo, «un estudio del Dr. Simon Kyaga, del Instituto Karolinska de Suecia, publicado en septiembre de 2012 en el Journal of Psychiatric Research, demuestra que sí existe una relación entre las personas creativas y las enfermedades mentales».(Fuente)

No hay genio sin un gramo de locura decía Aristóteles en La Poética, lo que de muestra que la asociación creatividad-locura no es nueva. Y parece dar fe de ello, la larga lista de artistas cuya vida fue marcada por patologías psiquiátricas: Van Gogh, Maupassant, Espronceda, Bécquer, Séraphine de Senlis…

Más allá de la leyenda ¿qué hay de verdad en ello?

En mi opinión, vivir por y para escribir, hace de los escritores una «especie» diferente. Por eso, y por muchas leyendas y clichés asociados a este oficio, se les tacha de extravagantes, excéntricos, solitarios, melancólicos, originales, innovadores y muchos adjetivos más.

La creación, como escribió Artaud, podría representar una catarsis de los trastornos del estado de ánimo, ya que, según afirmaba «nadie ha escrito o pintado, esculpido, modelado, construido, inventado sino para salir del infierno»

Rarezas entre los «locos creativos»

Sin llegar tan lejos , me gustaría en el artículo de hoy, hablarte de rarezas, síndromes que son comunes y frecuentes en los escritores, aunque pueden afectar al resto de personas ajenas a esta profesión. Te describiré y resumiré nueve de ellos, aunque seguramente existan más.

Apuesto a que muchos te resultarán familiares.

El síndrome de Salinger

El síndrome de Salinger hace referencia al autor J.D. Salinger. Por si no te suena, te cuento que Salinger es autor de una única novela El guardián entre el centeno, que publicó a la edad de 32 años, y cuya enorme repercusión transformó su vida y lo convirtió en un ícono de la literatura de Estados Unidos.

Salinger fue un autor escondido que después de publicar su primera novela en 1951 huyó de la fama y se recluyó voluntariamente para evitarla.

El síndrome que lleva su nombre hace referencia a este miedo a mostrarse, este rechazo a la visibilidad. Este tema no es nuevo, pero sigue candente y cobra hoy especial relevancia debido a las redes sociales y a la gran exposición mediática que supone trabajar con ellas. Muchos personajes públicos padecen miedo, para no decir pánico, a ver su vida expuesta al público.

El síndrome del impostor

El síndrome del impostor es un trastorno psicológico, un malestar profundo que afecta la mente de los que lo sufren y que viene acompañado de un sentimiento de  «no merecimiento». Lo padeces cuando empiezas a creer que todo te viene grande, que no estás a la altura, que eres un fraude, etc.

A menudo este problema viene de compararte con los demás, no creer en ti, y de pensar que lo que has logrado es fruto de la suerte.

El síndrome de la página en blanco

Es muy frecuente entre los escritores oír hablar del bloqueo, del síndrome de la página en blanco, del abandono de las musas. En mi opinión, el trabajo es más importante que la inspiración, por lo que creando el hábito de escribir diariamente, se ahuyentará rápidamente la creencia que este mal misterioso pueda aparecer y arruinar tu vocación.

El síndrome del objeto brillante S.O.S.

Su nombre S.O.S. hace referencia a la respuesta que tienen los niños cuando se sienten atraídos por algún objeto brillante. Por instinto, intentan cogerlo o, si se encuentra a cierta distancia, van corriendo en su dirección, atraídos por la curiosidad. Pero no son los únicos. Piensa en tí, en verano, cuando contemplas la lluvia de estrellas de las Perseidas, y tu mirada sigue las estrellas fugaces que van apareciendo, una y otra vez…  

No somos niños, pero a veces, reaccionamos de la misma manera. Sentimos curiosidad y atracción hacia todo lo novedoso, nos dejamos distraer. Vivimos en una era de estímulos constantes, donde objetos brillantes surcan nuestro cielo, y nos atraen. Sean objetos, conceptos o personas, nos deslumbran hasta cegarnos y nos alejan de nuestro camino. Priorizamos algo por ser nuevo, y sin mayor reflexión, porque nos resulta muy atractivo. ¿Te ha pasado? ¿Te has dejado deslumbrar? No te preocupes, no eres el único, a todos nos ha ocurrido.

El síndrome de Procusto

Lo padecen las personas que no soportan que alguien destaque por su talento, su trabajo o su popularidad. Critican con dureza a los que los superan y consideran como rivales, evitando la relación con esa persona, buscando incluso su desprestigio y su aislamiento. Es el llamado síndrome de Procusto.

Las personas que lo padecen, y están presentes en cualquier profesión, expresan por su actitud el rechazo que experimentan, y les motiva el miedo a ser superadas. Estas personas raras veces avanzan pero tampoco permiten que lo hagan los demás.

Síndrome de la sala blanca

Este síndrome poco conocido aparece cuando escribimos una escena con tan solo diálogo y dejamos de lado la descripción del entorno, por lo que le damos al lector la impresión de que los hablantes se encuentran en una sala blanca.

Dosificar las descripciones suele ser delicado, pero aunque la descripción puede ser un arma de doble filo que muchos no se atreven a manejar, es importante enmarcar el diálogo, describir el entorno de los personajes para que no parezca que estén hablando en una sala blanca vacía.

El síndrome del escritor frustrado

Aparece cuando un autor cree que escribe bien, pero no consigue ser leído; se siente profundamente frustrado por lo que le ocurre y tiene la sensación de la distancia infranqueable entre lo que imaginó y la realidad contra la cuál choca. Es innegable que el hecho de ser un buen escritor no siempre es suficiente, y que muchos de ellos mueren en el olvido. No porque escribas bien, las editoriales acabarán descubriendo tu talento.

Según Jeff Goings, que acuñó el termino:

Los mejores músicos no siempre obtienen ofertas discográficas. Los mejores escritores no siempre se publican. Los mejores pintores tienen salas de exhibición llenas de trabajos que nunca venden. Hasta cierto punto, así es como siempre ha sido.

Para acabar con este síndrome hay que trabajar para tener visibilidad, rodearte de gente que te lee, te valora buscar a tu público objetivo. Tener un blog, una casa virtual donde puedes publicar tu trabajo te proporcionará una audiencia, pero no es suficiente. También debes aprender marketing, a promocionar tu trabajo, a ser emprendedor.

Síndrome del artista hambriento o los escritores quejumbrosos

Este síndrome hace referencia a los escritores que se quejan continuamente, alegando que no les cunde escribir, que sacrifican muchas horas de descanso u ocio, que sufren del síndrome de la hoja en blanco, etc.

Todos experimentamos dificultades, en la escritura y en todos los trabajos, son normales y todos pasamos por ellas; pero tener la suerte de escribir y que te lean es fantástico y gratificante. Por lo tanto, no podemos ir llorando y mantenernos de forma continua en el modo queja. En vez de andar llorando por la mala suerte, la falta de reconocimiento, los rechazos editoriales, es mejor ponernos a trabajar.

El síndrome de Bartleby

Otro caso que suele presentarse con más frecuencia de la que podríamos imaginarnos es el del silencio literario definitivo, por decisión y voluntad del propio autor. Hay escritores que dejaron de escribir, y este hecho es conocido como el síndrome de Bartleby. Entre los “afectados” por este síndromem encontramos nombres ilustres como:

  • Arthur Rimbaud (1854-1891), destacado poeta francés
  • Margaret Mitchell (1900-1949), autora de Lo que el viento se llevó (1936)
  • Juan Rulfo (1917-1986), autor de Pedro Páramo (1955)
  • Harper Lee (1926-2016), autora de Matar un ruiseñor (1960)
  • John Kennedy Toole (1937-1969), autor de La conjura de los necios (1980, póstuma)

Conclusión

En mi opinión, escribir es una actividad solitaria, exigente a nivel personal ya que requiere aislamiento y silencio y puede provocar en algunos casos depresión, ansiedad o estrés. Un buen equilibrio emocional es necesario en esta profesión como en todas, así como mantener una adecuada proporción entre salud, vida personal, relaciones y tiempo dedicado a la escritura. El ejercicio físico y unos buenos hábitos pueden ayudar a no caer en alguno de estos síntomas que he mencionado en el artículo de hoy. El saber reconocer que algo anda mal también es importante para buscar solución y, si es necesario, pedir ayuda.

Cuando Dios te da un don, te da también un látigo. Y ese látigo es para autoflagelarse.

Truman Capote

Lo importante es no permitir que ninguno de estos síndromes acabe con tu ilusión, tu creatividad y tus ganas de inventar y contar historias. No es un camino fácil, pero creo que si es tu pasión, debes perseverar porque sin lugar a dudas, merece la pena.

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