Aprende a domar tu dragón: gestiona tu ira
Estoicismo

Aprende a domar tu dragón: gestiona tu ira

Aprende a domar tu dragón: gestiona tu ira

Aprender a domar tu dragón es aprender a gestionar tu ira. La ira es uno de los siete pecados capitales y ayer publiqué un post sobre este tema es un tema recurrente, pero creo que hablar de ello nos permite ver los errores que todos cometemos y que se repiten. Llamarlos pecados no es más que un guiño a la biblia, al refirirse a un patrón que todos conocemos.

De todos estos errores, el que quizas más se repite y con el que todos nos podemos sentir familiarizados es la ira.

Gestionando tu ira: ¿qué es la ira?

La  ira, tal como la define la RAE es:

un sentimiento de indignación que causa enojo
un apetito o deseo de venganza
la furia o violencia de los elementos de la naturaleza.

Se trata de un impulso totalmente negativo, un sentimiento  exacerbado de enfado que nos hace actuar de forma completamente irracional, sacando lo peor de nosostros mismos. Esta irracionalidad es la que nos lleva a actuar de forma estupida, cuando tenemos un ataque de ira.

Caer en este sentimiento es lo más fácil, incluso en el momento puede que nos parezca un desahogo legítimo, y nos haga sentir bien. Pero los resultados hablan por si mismos: casi siempre acabamos en una situación más desfavorable que cuándo empezamos.

El estoicismo y la ira

Cualquier persona capaz de hacerte enfadar se convierte en tu dueño.
(Epicteto)

El estoicismo, que considera la ira como una de las pasiones del alma proporciona herramientas para gestionar este estado, domar nuestro temperamento.Según Séneca: 
La ira es el precipicio del alma, la peor de las pasiones.
La ira es para el alma un instrumento tan inútil como el soldado que no obedece a la señal de retirada.

En el mundo del deporte y en otros ámbitos públicos, hemos tenido la oportunidad de presenciar grandes ataques de ira, y probablemente hemos sentido algo parecido a vergüenza ajena, al observar la perdida total de control de los que protagonizan estos incidentes. Pero ¿nosotros somos realmente diferentes cuando nos enfadamos?
Solemos mirar las personas enfadadas y de repente observamos que se vuelven feas como si su ira fuera capaz de transformar su imagen y sus facciones. Pero ¿cómo crees que te verías si te filmaran durante un ataque repentino de ira?
Si haces el esfuerzo de recordar, probablemente vendrán a tu mente episodios en los cuales gritaste de forma exagerada cuando algo no iba como querías, en los que echaste a perder una relación de amor o amistad por no ser capaz de controlar tu ira, o en los que rompiste algún objeto. 

Las consecuencias de la ira

Piensa en la pregunta de Marco Aurelio: ¿Cuánto más dañinas son las consecuencias de la ira que las circunstancias que las despertaron en nosotros?Pero ojalá fuera tan sencillo como recordar los efectos negativos de la ira para evitar caer en ellla.

Añade Séneca, quien escribio un ensayo sobre la ira, que esta no solo es contraria a la naturaleza del ser humano, sino que es inútil e indeseable. La razón solo es más fuerte cuando está alejada de las pasiones. Cuando las pasiones aparecen, toman las riendas y no pueden ser dominadas por la templanza. Por ello mismo, hay que rechazar los impulsos de la ira en su misma raíz. 
Finalmente, dice que la ira ni siquiera es útil contra el enemigo, porque en la guerra se consigue más con la serenidad, la reflexión y la estrategia, mientras que la ira favorece las derrotas. En el caso de injusticias o atentados contra la familia, en vez de la ira son más útiles la piedad y la virtud, que llevan a actuar con calma y diligencia.

La ira: ¿un impulso natural?

Yo discrepo en algo. La ira, no es contraria a la naturaleza del ser humano, pero sí es indeseable. La ira es una emoción básica y universal. Es básica porque actua al servicio de nuestra supervivencia, facilita conductas de defensa-ataque, vigoriza nuestra conducta y regula la interacción social. Es universal porque cualquier persona sana experimenta ira. Por lo tanto, enfadarse no sólo es normal sino también necesario. Sin embargo, cuando la ira es demasiado frecuente genera problemas. Por lo tanto es necesario aprender a controlarla.

¿Por qué surge la ira?

¿Qué hace que nos enfademos?

La ira aparece cuando nos vemos sometidos a situaciones que producen frustración o nos resultan desagradables, pues nos sentimos atacados. Las experiencias frustrantes o desagradables favorecen la ira, facilitando la expresión de conductas agresivas. El ejemplo más claro de ello es la experiencia de dolor. Así por ejemplo, cuando algo nos duele, aflora nuestro mal carácter. 
Pero debemos recordar que la expresión de las emociones, y la ira es una de ellas, es una elección que se puede convertir en un hábito. Como todo hábito es modificable. Así pues, puedes elegir la calma sobre la ira, la valentía sobre el miedo, la alegría sobre la tristeza. Debes preguntarte qué elección es más deseable, más productiva, qué elección daña más. Piensa que las situaciones nunca cambian cuando te enfadas. No malgastes tu tiempo enojándote con cosas que son indiferentes a tus emociones, con objetos inanimados, con situaciones o entidades porque no va a cambiar nada. 
La ira no ayuda a nadie. De hecho, suele empeorar las cosas. Cualquier desafío se afronta mejor con la cabeza fría, de modo racional.  Sin la capacidad para reconocer y gestionar tus emociones, te conviertes en su esclavo.

Cuatro herramientas que te pueden ayudar

1.-Reconoce tu ira

No la reprimas, podría desencadenar problemas de salud, y es desperdiciar tu energía. Aprende a gestionarla.
No la niegues.  Con el tiempo aprenderás a reconocer tu ira a través de sensaciones corporales, como un fuego que sube en tu interior. En este momento cuando sientas ira, rabia o frustración, desvía tu atención de la persona que consideras causante y llevala a tu cuerpo. Respira, sé consciente, y dejala ir.

2.- Averigua de dónde proviene tu ira

Busca precedentes en tu historia, revisa cuando te sentiste verdaderamente frustrado o rabioso, averigua en qué situaciones se produjo.

3.-No intentes ocultar tu ira

Aunque te hayan enseñado que es mejor no expresarla, es dañino para tí y no conseguirás engañar a nadie. Habla con sinceridad indicando que te sientes frustrado por eso o aquello, o estoy decepcionado por esta situación.Nunca digas: estoy furioso por lo que me has hecho, o decepcionado porque no has conseguido aquello.

4.- La ira puede esconder una lección: no la desaproveches

La ira te invita a definir mejor los límites, a desechar lo que ya no te sirve, a cambiar tu  forma de expresarte o relacionarte, a veces te enseña a decir no.

¿Se puede gestionar la ira?

Un caracter con tendencia a la ira se puede cambiar, si cambias tu forma de reaccionar ante esta emoción. El primer paso es saber reconocerla, con humildad y dar el primer paso para cambiar.

Conclusión

En conclusión, las emociones como la ira y el enfado son naturales, siempre y cuando aprendamos a gestionarlas de la forma adecuada y no nos dejemos llevar por ellas.

Aprender a gestionar tu ira es domar tu dragón interior, hacer que se convierta en tu mejor aliado y amigo.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos Ver más

  • Responsable: Michèle Rodriguez Pastor.
  • Finalidad:  Moderar los comentarios.
  • Legitimación:  Por consentimiento del interesado.
  • Destinatarios y encargados de tratamiento:  No se ceden o comunican datos a terceros para prestar este servicio. El Titular ha contratado los servicios de alojamiento web a webempresa que actúa como encargado de tratamiento.
  • Derechos: Acceder, rectificar y suprimir los datos.

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad